Published On: Mar, Nov 14th, 2017

Walter Curonisy: El Poeta de Huanchaco

Por: Jorge Pimentel.- Cuando estábamos en Hora Zero, y vivíamos en la calle Torres Paz, en Santa Beatriz, Walter Curonisy se aparecía con Elvira. Venían de viajes por el mundo, del Huanchaco hermoso, del Trujillo maravilloso. Siempre se aparecían llenos de mundo, llenos de vida, llenos de fiesta. Elvira y Walter eran la fiesta. Y eran nuestros embajadores, los embajadores de los poetas.

No conozco personas que, con la sola mención de sus nombres, uno ya se imaginaba que iba a haber una fiesta. Y esa fiesta involucraba grandes conversaciones de poesía, grandes risotadas, carcajadas, tomaduras de pelo, y reírnos de nosotros mismos. Y, como acto ceremonioso que engalanaba las noches, Walter descorchaba las botellas de vino, como un duque. Escogía las mejores copas. Y, ahí, vertía el vino rojo que hacía de nuestras conversaciones, de tantas tardes y noches, las ceremonias maravillosas de los escritores, de los poetas, de los amigos.

Una vez Walter se acercó al diario donde yo laboraba, siempre junto con Elvira, para invitarme a Huanchaco. Pero la forma cómo él promocionaba Huanchaco, era increíble. “Jorge, vámonos a Huanchaco, te vamos a recibir con mariachis”. Y nos fuimos con toda la familia. Y realmente nos recibieron con mariachis. Con el mar maravilloso de Huanchaco. Con los crepúsculos. Los atardeceres increíbles. Y los pescados abundantes, y las cervezas heladas, y las caminatas por la orilla del mar.

De pronto Walter nos dijo: ¿Por qué no se quedan a vivir acá? Nosotros nos miramos y, sin meditar, y como hipnotizados, dijimos: “¡ya, nos quedamos!”. La miré a Pilar. Y le dije: “¿cómo hacemos?” Y ella me dijo: “pido mi traslado del Banco Central de Reserva, a la sucursal de Trujillo.” Y, le pregunté a mis hijos: “¿y ustedes van a perder su estudios en La Recoleta para venir a Trujillo?” Y me contestaron: “sí papá”. Y nos dijeron: “acá podemos estudiar, ir a la playa, y comer helados”. Pero, todo eso, Pilar y los chicos lo decían, sin dudarlo un minuto, por la convicción y alegría de Walter. Walter era la seguridad, la fiesta permanente.

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