Published On: Lun, Feb 17th, 2014

Vitam impendere vero

martinEl universo mediático, político y económico español se ha visto conmovido por el despido de Pedro J. Ramírez, el mítico director del diario EL MUNDO. Pedro J. es uno de esos capitanes que encarnan lo mejor del periodismo de raza: la búsqueda insaciable de la verdad, aun a costa de la propia vida (vitam impendere vero). La historia de las disciplinas humanas la escriben seres de carne y hueso. El periodismo lo definen los periodistas.

De allí que Pedro J. sostenga, con razón, que ninguno de los 12 mil días que fue director de diarios dejó de sentir «la preocupación por mi país, la adrenalina de los titulares y el cierre, el hormigueo de la información exclusiva, la pasión cívica por transmitir a los lectores cuanto se les oculta y les concierne». Así piensan los periodistas de raza: el periodista difunde aquello que los poderosos (aunque sean nuestros amigos) intentan ocultar.

Caso contrario, el periodismo se degrada hasta la parcialización, vendiéndose al mejor postor, sesgándose en función de la argolla y el amiguismo. El periodismo parcializado, el periodismo prostituido y mercenario, el que corre un tupido velo sobre la desnudez corrupta de los amigos, destruye la profesión. El periodismo ombliguista, el que confunde «buscar la verdad» con «encarnar la verdad», degrada la disciplina hasta el punto de avalar la sinrazón solo por soberbia.

Gran lección nos deja Pedro J. cuando, tras ser despedido, en vez de patalear victimizándose, reconoce que es propio del liberalismo que él defiende respetar la decisión empresarial. Aprende, Rosa María. Contempla, Augustito, una cima que nunca pisarás.

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