Published On: vie, Ene 26th, 2018

Una operación fundamental

Un partido político que aspira a conquistar y mantener el poder inaugurando un periodo de hegemonía tiene que fundar su ascenso hacia el Gobierno en los principios de la mayoría, no en los valores de las minorías. Esto, por supuesto, no implica la persecución o la indiferencia hacia las minorías.

Pero sí pasa por la elección voluntaria y constante de un electorado muy concreto, el electorado mayoritario. Un partido político que aspira a institucionalizar el poder y durar hasta el tricentenario debe realizar una operación simple: optar por la mayoría o representar los intereses de las minorías. O con el pueblo o con los grupos de presión.

Por eso, un partido popular es, como su nombre lo define, el partido de la mayoría de la población. Un partido popular es el representante de los principios de la mayoría, no la maquinaria que se quiebra ante los intereses de las minorías.

La política es una toma de posición. El que hace política elige entre opciones, toma un sendero, se hace responsable de una decisión porque considera que algo (A) es superior a otra cosa (B). Que el bien común (que no es el bien de todos, sino el de la mayoría) es intrínsecamente superior al de los lobbies es una premisa asumida por la mayor parte del país.

La definición del bien común es la operación política por excelencia. Por eso, el electorado vota o por opciones que encarnan principios o por fuertes liderazgos carismáticos.

No se puede ser A y B al mismo tiempo. No se puede contentar a todos. Es preciso elegir. La política es el arte de la elección correcta en beneficio de la mayoría. He allí la clave del poder.

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