Published On: Mar, Feb 25th, 2014

Un andaluz en Nueva York

eduardoLa semana pasada, en medio de una conferencia acerca de política internacional, el presidente Obama habló de su ávida preferencia por la comida mexicana.

Por supuesto que esto tiene que ver con la creciente fuerza electoral de los “hispanos” quienes siempre han votado por él. Cómo lo sabe el Presidente-y parecen ignorar los republicanos-las proyecciones demográficas indican que en el año 2050, este grupo étnico superará al de los anglófonos y se convertirá en la primera mayoría del país.

El problema es saber si los “hispanos” de la mitad del siglo conservarán el idioma que les da unidad y hace permanente su cultura.

La primera conjetura es positiva. Las relaciones económicas entre las dos Américas son ahora tan intensas que se hace imprescindible estudiar español para quien aspire a un puesto de trabajo los Estados Unidos. Las clases del idioma en las escuelas y universidades están abarrotados.

Hay un hecho negativo, sin embargo. El escaso nivel cultural de los inmigrantes precarios los junta en comunidades donde no se habla bien el inglés… ni el castellano. Por su parte, algunos profesores políticamente correctos o simplemente inocentones propician la utilización de un slang llamado espanglish.

-¿Qué opina sobre este fenómeno Gerardo Piña-Rosales, director de la Academia Norteamericana de la Lengua Española?

-Aplaudir a quien utiliza el ‘espanglish’ porque no es capaz de hablar ni español ni inglés con soltura es condenarlo a vivir en un gueto. El ‘espanglish’ no es un idioma; es un producto híbrido que atenta contra dos lenguas universales como son el español y el inglés.

-¿Que recomendación le das al inmigrante hispano llegado a los Estados Unidos?

-Que se proponga aprender bien el inglés del país que lo ha acogido y en el que espera prosperar. Esto es lo que nuestra academia le requiere con miras a lograr un bilingüismo auténtico que puede redundar en mayores oportunidades de empleo y de remuneración

El catedrático Piña-Rosales es un tingitano como se llama a los andaluces que viven en Marruecos. Aunque nació en La Línea de la Concepción, una localidad costera del sur de Andalucía, en España, su familia emigró a Tánger, Marruecos, donde hizo sus estudios de bachillerato. Después, estudió en Filosofía y Letras en las universidades de Granada y Salamanca. En 1973, exactamente cuando se fundaba la ANLE, se trasladó a vivir en los Estados Unidos

-¿Qué hace una academia de la lengua española en los Estados Unidos?

-Todo lo que podemos. Mis objetivos principales como Director de la ANLE se dirigen a conseguir fondos, subvenciones, etc., que nos permitan realizar una serie de proyectos lingüísticos y literarios; reestructurar y revitalizar las diferentes comisiones –la de Lexicografía, Gramática, Traducciones, etc.– que colaboran con la Real Academia en proyectos de tanta envergadura como el Diccionario de la Real Academia Española, el Diccionario Académico de Americanismos, la Nueva Gramática, etc.; y difundir, a través de los medios de información y de nuestro cibersitio (www.anle.us), la lengua española.

-Desde un punto de vista lingüístico- añade- hay que recordar que la primera lengua europea que se habló en lo que hoy constituyen los Estados Unidos no fue el inglés, sino el español. Y desde un punto de vista histórico, conviene que a los estadounidenses los nombres de Ponce de León, Cabeza de Vaca, Hernando de Soto, Coronado, y tantos otros, no les suenen a jugadores de béisbol.

Conversamos de esto y de mucho en un café de Manhattan. Apasionado de la poesía de Vallejo, Gerardo Piña ha comenzado conmigo una colección llamada “Vallejo vive” en una joven editorial estadounidense. Y seguimos conversando. Sabemos que hablando y escribiendo en español podemos conspirar para qué este país cambie para siempre.

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