Published On: Jue, Jul 10th, 2014

Tu envidia es mi progreso

martinLa reciente encuesta de CPI ratifica con evidencia que Juan Luis Cipriani, el Cardenal, es un líder de alcance nacional y que su liderazgo no deja indiferente a ningún peruano. De hecho, si examinamos la cuestión detenidamente, es posible afirmar que la izquierda peruana se define por su anticiprianismo rabioso. La agenda de la progresía peruana es una copia, el calco barato de todas las tendencias mundiales de lo políticamente correcto. La izquierda peruana no crea nada, no es, nunca ha sido, como quería Mariátegui, una pulsión heroica y nacionalista. Nuestros progresistas se financian con dinero del extranjero y capitulan ante toda idea foránea. Son entes negados para la imaginación.

Por eso, una de las pocas cosas que identifica a nuestra izquierda en el panorama regional es el odio que profesan sus cuadros a Cipriani. Este odio trasciende el natural anticlericalismo socialista y se ha personalizado hasta convertirse en la característica esencial de nuestra pintoresca siniestra. Es comprensible. El Cardenal es odiado visceral y metódicamente porque encarna todo lo que ellos combaten: la defensa de la vida, el compromiso con la verdad, la claridad en el discurso y el servicio al pueblo llano. Todo lo que en Cipriani es ejemplo, en ellos es caricatura. Todo lo que el Cardenal vive día a día, en los otros es demagogia ramplona, parodia calculada o sofisma electoral. Y así les va.

¡Pobres envidiosos! Qué triste espectáculo el de estos comisarios de la intolerancia que juegan a odiar lo que no soportan. Frente a ellos se yergue tranquilo el liderazgo de la caridad.

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