Published On: Vie, Mar 11th, 2016

Trump, campeón del clóset

eduardoSegún las encuestas, dos de cada 10 republicanos en los Estados Unidos creen que abolir la esclavitud fue un error.

Al parecer, ocho de cada 10 no están completamente seguros de que la tierra sea redonda puesto que no hay una sola página de la Biblia que lo diga.

Un porcentaje similar supone que el mundo fue creado realmente en siete días, y opina que debe prohibirse en las escuelas la enseñanza de la teoría de la evolución de las especies de Darwin.

Nada de esto es broma. Recordemos que en su visita propagandística a una escuela, Marcos Rubio, aseguró a los niños que el mundo tenía 2015 años y unos meses de creado. No nos olvidemos que este precandidato republicano es abogado, lo cual nos hace suponer que pasó por una universidad y antes por una escuela.

Y hay mucho más. En el país más adelantado del mundo, hay un buen porcentaje de conservadores como estos que además piensan que el voto a las mujeres es innecesario, y que el trato de afroamericanos y el de homosexuales aplicado a esas minorías es una necedad de los liberales.

No son pocos los que piensan así. Hay millones de ultraconservadores que generalmente no tienen mucho que conservar porque suele ser muy pobres. Además, su pensamiento es de derecha aunque no saben exactamente qué es la derecha porque habitualmente sus niveles educacionales son muy bajos.

Se trata, en consecuencia, de una derecha silenciosa que ha estado metida en el clóset.

Donald Trump es su liberador, el hombre que ha emergido del clóset y estira la mano para ayudarlos a salir. Es el tipo del que la mayoría de ellos pensaría: “no es culto, no habla en palabras difíciles, no es refinado, no ha leído jamás un libro pero ve los partidos de fútbol en el estadio o en la televisión mientras destapa algunas botellas de cerveza. Es un hombre como yo.”

No hay posibilidad de que este votante piense algún día en abandonar al hombre del peluquín sencillamente porque este tipo de ciudadano no piensa. Lo más seguro, por ello es que de todas formas será el candidato de los republicanos.

Cuando pelee por la presidencia, Trump tampoco tendrá que alterar su sencillo esquema del mundo y de sus problemas. Para él, en el exterior, hay que ir al todo vale en una guerra contra los musulmanes. No distingue él a los terroristas. Toda persona con turbante es para él peligrosa. Nunca se le ocurrió pensar en los orígenes ni en la doctrina de esa religión.

En el hemisferio, México es el enemigo. De allí, llegan a “América” bandidos, narcotraficantes y violadores. Más todavía, como la mayoría de sus votantes, el magnate supone que el país azteca comprende ciudades como Guadalajara, Buenos Aires, Lima, Bogotá y Santiago.

No es raro por eso que el Ku Klux Klan y los “supremacistas blancos” digan que “no votar por Trump sería traicionar nuestra herencia” y que hay que alistarse con él porque así “conoceremos personas con la misma mentalidad que nosotros”. Por supuesto que el candidato no desdeña este apoyo y se ha negado en todo momento a rechazarlo.

La buena noticia: Las encuestas de hoy muestran, en un posible enfrentamiento, que un holgado 58 por ciento de norteamericanos votaría por la señora Clinton, la más segura competidora demócrata. Sin embargo, nada está dicho hasta ahora. No nos olvidemos que la Alemania de los años 30 era uno de los países más cultos del mundo con una tradición de filósofos, poetas y músicos. Y sin embargo, el país de Albert Einstein y de Carlos Marx terminó siguiendo embobado a un hombrecillo de breve bigote que daba discursos en las cervecerías de Munich.

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