Published On: Vie, Sep 26th, 2014

Sin medida ni clemencia

martinLa entrevista empieza reconociendo la idea orteguiana del cambio y termina con una declaración de odio eterno, permanente: lucharé contra Keiko porque es la hija de un asesino. Vargas Llosa ha llevado su odio hacia el fujimorismo a un plano que abandona la lógica liberal (tolerancia, respeto y consenso) con tal de abrazar el peligroso desprecio político que finalmente polariza.

Ahora bien, ¿tiene derecho Vargas Llosa a trabajar para que Keiko Fujimori no sea presidenta del Perú? Sí, aunque a muchos no nos agraden sus posturas políticas, él tiene derecho a defender públicamente sus ideas. Sin embargo, que él tenga derecho a atacar políticamente a una candidata no legitima todos sus argumentos. Por ejemplo, el último argumento vargasllosiano esgrimido contra Keiko Fujimori es endeble e impropio, falaz y desconcertante: ¿o es que acaso los hijos tienen que pagar los delitos y las culpas de los padres? La tolerancia liberal impulsó el principio de responsabilidad personal y eso es lo que debe aplicarse en este caso. Además, cuando Vargas Llosa indica que si Keiko sale elegida presidenta liberará a su papá, automáticamente le da al fujimorismo las armas para montar una escenografía parecida a la del humalismo. Basta con juntar en San Marcos a los nuevos garantes del color naranja para pronunciar un juramento: «que la justicia siga su curso».

Parte de la civilización del espectáculo es la política del espectáculo. Ambas desviaciones son el fruto radical de una misma raíz: el relativismo. Cuando el hombre o el premio nobel son la medida de la verdad, entonces, todo vale, incluso el odio sin final.

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