Published On: Lun, Jul 21st, 2014

Santos

martinQue el socialismo es una guerra contra la naturaleza humana lo demuestran, todos los días, los compañeros Santos y Villarán. Diseccionar sus existencias, contemplar sus patéticos afanes y analizar sus actos son remedios suficientes para darnos cuenta de hasta qué punto el socialismo afirma una cosa para negarla inmediatamente cuando tiene que enfrentarse a la realidad. Por eso no sorprende que los camaradas se presenten ante la población como una especie de «santones» de la moral laica, profetas que predican paz y amor cuando en el fondo, a la hora de la hora, practican los vicios preferidos de la izquierda: purgar, escindir, traicionar y canibalizar.

Sí, el sectarismo lo llevan en las venas. Es por ello que no me sorprende lo que pasa con los santones laicos de la progresía que hoy se ven envueltos en escándalos de cajas municipales y corrupción regional. Si la ideología es un sucedáneo de la religión (una especie de margarina teórica), los políticos ideologizados no pasan de ser falsos profetas de la cosa pública. Por eso, porque intentan reemplazar categorías absolutas con sofismas relativos, los políticos ideologizados caen ineludiblemente en la hipocresía, el pseudo-pragmatismo y la dictadura moral.

No seamos ingenuos. Lo que la izquierda ha intentado consolidar en el Perú es una auténtica dictadura moral, una tiranía del pensamiento único. Los sumos pontífices de esa dictadura son los santones laicos, ora presidentes regionales, ora alcaldes ineficientes, que se montan al atrio para proclamar medias verdades y pregonar anatemas. Hasta juran los muy sinvergüenzas. Estos santones de la división, estos profetas de la incapacidad, ven sus feudos como mamaderas infinitas y caminan seguros porque tú les vas a votar.

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