Published On: Mar, Dic 3rd, 2013

República Dominicana: entre la dignidad y el orgullo

TatianacolumnaLas redes sociales arden desde finales de septiembre de 2013, cuando el Tribunal Constitucional dominicano decidió incluir en la Constitución un artículo que dejará sin nacionalidad con carácter retroactivo hasta 1929 a más de 210.000 dominicanos de ascendencia haitiana, según un estudio respaldado por la ONU.

Tanto en Facebook como el Twitter el debate se centraba en si era legítimo o no revocar la ciudadanía a los afectados y los ánimos se caldeaban especialmente cuando se apelaba a una intervención internacional en la cuestión, pues muchos, incluso los que estaban en contra de la disposición del TC, consideraban que la República Dominicana, como país soberano, tenía derecho a legislar como le pareciera.

Esmeralda G. (Facebook): “Defiendo el derecho que la República Dominicana tiene para gestionar su política de inmigración por ella misma. ¿Y no está la pena de muerte en contra de los derechos humanos, inclusive para menores. Así que casa país tiene sus normas. Tenemos el derecho de defender nuestras leyes sin la opinión internacional”

Esmirna J. (Facebook): “¿Por qué será que la gente no entiende que en nuestro país ponemos las reglas nosotros?”

Lo que se obviaba era que el Tribunal Constitucional es el máximo órgano judicial en la República Dominicana con lo que los dominicanos afectados no disponen de instancias superiores a las que reclamar dentro del país. Todas esas personas no tienen más remedio que acudir a las cortes e instituciones internacionales. Muchos ya han puesto la mirada en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que ya falló en 2005 a favor de Violeta Bosico y Dilcia Yean, dos niñas dominicanas de origen haitiano a las que intentaron no reconocer la nacionalidad dominicana en RD. Pero ha sido el Caricom el que ha movido ficha con una presteza loable, poniendo en espera la solicitud de participación de la República Dominicana en el grupo.

Así llega la primera medida de presión internacional contra el despropósito del TC dominicano, que puede crear una crisis humanitaria sin precedentes en el Caribe dejando apátridas a miles de personas. No se trata únicamente de las relaciones diplomáticas entre República Dominica y Haití, país que ya ha denunciado deportaciones a su país de estos dominicanos, sino de una violación de derechos humanos flagrante. Así lo entiende el Caricom, y así se llevará el debate a la OEA, la Asociación de Estados del Caribe (AEC) o la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.

¿Estará dispuesto el gobierno dominicano a aislar el país por una cuestión de orgullo fascista? Y, sobre todo, ¿de qué lado estarán los dominicanos? ¿Se atarán una bandera a la cabeza y se tirarán a los pies de los caballos o usarán el sentido común?

Algunos agradecemos que la comunidad internacional no mire hacia otro lado esta vez ante los atropellos que sufren los dominicanos de origen haitiano en República Dominicana. Esta vez necesitamos salvarnos de nosotros mismos. Clamemos por humildad porque rectificar es de sabios.

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