Published On: Dom, Ago 10th, 2014

Rape culture 1: De cómo no me interesa tu dinero a cambio de sexo

TatianacolumnaCuando una es pobre, siempre puede meterse a puta. Acabo de ver “Jeune et Jolie” del director francés François Ozon y no me ha quedado muy claro qué buscaba contar con la película, pero me ha dejado el pozo de que, si no es por el dinero, no tiene sentido que una mujer se prostituya. Ozon parece decir que el querer prostituirse por propia apetencia denota un tipo de problema mental o una especie de viaje de autodescubrimiento para llegar a alguna parte, no se sabe muy bien a dónde. Después de estas impresiones no puedo dejar de preguntarme dónde quedan los argumentos de que la prostitución puede ser una actividad ejercida en libertad y por gusto, si es que de verdad alguien puede hacerlo en esas circunstancias.

Allá por 2011, llegué al trabajo a las 8 de la mañana y abrí mi cuenta de correo electrónico, como siempre. En la bandeja de entrada me esperaba un email de un hombre de 40 años, que se refería así mismo como “chico” y que se describía como “inteligente”, “culto” y “casado”. Aquel hombre, un supuesto ingeniero, me escribió que buscaba una mujer para compartir momentos “cómplices” y que a cambio podía ayudarme a tener una vida más “cómoda”. Aquellas palabras me pusieron de mal humor todo el día. Me resultaron brutales. En ningún momento, aquel hombre que se consideraba inteligente pareció pensar que le estaba pidiendo a otro ser humano, de una manera totalmente impersonal, que le vendiera su tiempo, su cuerpo y probablemente también su alma. Para ser tan inteligente pareció no reparar en que me convertía en un objeto y en que no tenía derecho a juzgar si en la vida yo quiero comprar o no cosas, si las necesito o no, hasta el punto tal de dejarme tocar por un hombre casado al que le importara nada a cambio de regalos. ¿De dónde sacaría aquel hombre el coraje para escribirme aquel correo? Yo respondí a aquel email una vez se me había pasado el enfado, cosa de no vomitar bilis en la respuesta y zanjé el asunto con un: “Muchas gracias, yo ya tengo una vida cómoda. No me escriba más”. Mi madre insistía en que le pidiera un avión privado y una villa en Santo Domingo, con ese humor y esa sorna tan suyos.

isabell

Isabelle, la protagonista de Jeune et Jolie, guarda el dinero que gana como protituta en la película. Captura de Youtube, Marzo 2014

No ha sido el único hombre que me ha ofrecido sexo por dinero. Un día, en el barrio obrero de Madrid donde crecí, hablando con una compañera de instituto en una calle, un coche se detuvo a nuestro lado. Empezaba a oscurecer. Creíamos que el coche se había parado porque justo al lado había una tienda de alimentos regentada por unos chinos, cuando, sin más, el hombre que conducía nos gritó que cuál de las dos iba a subirse al coche de muy malos modos y denotando enfado por una espera que no sabíamos que estábamos provocando. Yo tenía 17 años y mi amiga 16. Algo parecido me pasó al lado del Corte Inglés de Preciados, en Madrid, cuando un hombre joven se detuvo con el coche y me ofreció subir. Pareció muy sorprendido ante mi negativa porque al parecer, no muy lejos, transitan prostitutas cerca de Pintor Rosales. En “Jeune et Jolie”, el padrastro de la protagonista, al enterarse que su hijastra de 17 años (Isabelle) se prostituía a escondidas de su familia acomodada, le dice a la madre: “Es cierto que tu hija es tan guapa (…) Es un tanto normal que reciba proposiciones”.

La sociedad del “rape culture” –cultura de violación– valida que un hombre haga este tipo de propuestas a una mujer, sobre todo si es hermosa, y que ella las acepte, no importa su edad, sobre todo si no tiene un céntimo. Aparentemente las mujeres deberíamos sentirnos halagadas si recibimos estas “ofertas” porque ello quiere decir que somos bonitas, que somos deseadas. Ozon, buscando las razones por las que la adinerada Isabelle decide ser prostituta, pone en boca del psicólogo de esta: “¿Por qué hacer que te pagaran? ¿Querías conocer tu valor?” A esto se une que Ozon no es beligerante tratando el asunto, expone los peligros de la prostitución –vejaciones, agresiones, violaciones o hasta la muerte– , pero no explica las razones por las que Isabelle se dedica a ella, llegando a dar una especie de imagen melancólica y romántica en ciertas ocasiones de prostituirse, siempre recurriendo a que no tenía sentido el comportamiento de la muchacha pues no necesitaba el dinero. Si solo una persona inestable podría elegir prostituirse sin necesidad, según Ozón, ¿por qué se ve como algo normal que un hombre ofrezca dinero a cambio de sexo a cualquier mujer? ¿Por qué no es ese hombre también un enajenado?

Llevar el peso de las presiones del patriarcado resulta muy pesado. A los 15 años, daba una vuelta innecesaria para ir al supermercado o al metro para no pasar por delante de las obras cerca de mi casa y no escuchar las sandeces de los obreros; me sentí incómoda cuando un profesor de instituto a los 16 me dijo delante de toda la clase que estaba especialmente guapa ese día y toda la clase silbó e hizo chistes; aluciné cuando en torno a los 22, un rollo que tuve una vez me dijo que no entendía por qué salía con un grupo de chicas feas cuando yo era una chica muy atractiva, refiriéndose a mis amigas; odié tener que sonreír cuando a los 23 años dos jefes me hicieron comentarios sobre mi delgadez mientras me miraban; me mordí la lengua a la misma edad cuando el manager de un entrevistado me soltó que era una suerte tener a una entrevistadora tan guapa y no me gustó que un amigo me dijera que estaba bien entrar por los ojos cuando me quejé de la situación. Pero todo esto parece estar bien, porque las mujeres estamos buscando continuamente la aprobación de los hombres, saber cuánto valemos. Si te quejas, es que eres demasiado susceptible o quizás es que eres solo una creida.

isabelle2

Isabelle, la protagonista de “Jeune et Jolie”, en una de las sesiones de con su psicólogo en la película. Captura de Youtube. Marzo 2014

Sin embargo, yo no necesito que en ningún contexto imaginable un desconocido se crea con derecho a hacerme comentarios sobre mi físico porque yo no se los hago a ninguna persona con la que no tenga un mínimo de apego. Tampoco me parece bien que por el hecho de no tener dinero o de ser mujer se me ofrezca la prostitución como opción en vez de propiciar que tenga otras oportunidades y promover cambios en la percepción social de la mujer como objeto de disfrute masculino. Me repugna ver, ahora con 28 años, cómo un político español insta a una madre de 24 años a prostituirse o a dar a su hija en adopción si no puede mantenerla. Es absolutamente esperpéntico e inadmisible.».

Yo simplemente quiero acostarme sin coacciones con personas que me consideren un igual, que me tengan respeto. Quiero hacer con mi sexualidad lo que me venga en gana y no quiero recibir dinero por ello ni busco la validación de ninguna persona. Ser pobre, ser mujer o parecer atractiva no da derecho a nadie a proponerme sexo a cambio de nada y ponerme en una posición indeseada. De verdad que no es tan difícil de entender. Si alguna vez quiero dinero, o lo que sea, a cambio de sexo, ya se lo haré saber yo a quien crea pertinente. Supongo que nadie me amenazará con meterme a un psiquiátrico por hacerlo, como a Isabelle en la película, porque mi cuenta de banco bien puede avalarme. VER MÁS EN VIVIR MEJOR QUE EN FACEBOOK

About the Author

Leave a comment

You must be Logged in to post comment.