Published On: Dom, Dic 14th, 2014

No grabarás

martinQue el ministro Figallo está liquidado políticamente, sea cual fuere el resultado de este entuerto, no es un secreto. Sin embargo, la suerte del ministro el propio ministro se la buscó. Es un grave error político pactar con el sector caviar de nuestro espectro político y darle un rol de protagonismo. Es un error sin atenuantes que un gobierno, cualquier gobierno, considere pertinente firmar alianzas estratégicas con la progresía caviar y esperar a cambio un poco de lealtad. El caviaraje peruano ha demostrado tener un principio sólido: primero soy yo, segundo soy yo y tercero soy yo.

Por eso, yerran los que piensan que un puesto en el Gobierno o la comunidad de objetivos a mediano plazo son garantías suficientes para frenar los espasmos expansionistas de nuestros caviares. Hay toda una psicología del caviaraje que siempre pasa por la traición. Quien piense que los exprocuradores Arbizu y Salas son funcionarios imparciales, pecan de ingenuos. Son, siempre han sido, sicarios políticos que el humalismo contrató pensando que los controlarían al cobijarlos y tenerlos en nómina, pero que terminaron jugando sus propios partidos, por ideología y conveniencia política. La excesiva politización de la procuraduría genera estas disfunciones: un ministro sin manejo político es lapidado por los aliens que él mismo promovió.

Cría caviares y te sacarán los ojos, vendría a ser la versión peruana del antiguo refrán. Allá los soñadores compulsivos de la política que aún confían en esa izquierda maniquea, un sóviet sectario experto en cultivar con denuedo el viejo idioma de la traición.

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