Published On: Sáb, Ene 9th, 2016

Mi debut con la Sonora

eduardoEn 1996, un peruano recibió sobre sus hombros la responsabilidad tremenda de mover la batuta de la Matancera. Beto Villena, el “Rey de la Salsa “.

Noventiún años tiene la “Sonora Matancera». Fundada en Matanzas, al sur de La Habana , la famosa orquesta tropical ha cambiado varias veces de sede pero nunca ha dejado de ser el corazón de ese espíritu al que se suele llamar “cultura latinoamericana”.

El “Negrito del Batey” , Leo Marini y Nelson Pinedo son algunas de sus voces fantasmas. A uno tras otro de sus más conocidos integrantes los devoró el olvido o la muerte, y a veces también la vida, y muchos empezaron a creer que la Sonora tenía sus días contados, pero súbitamente ocurre todo lo contrario.

En 1996, un peruano recibió sobre sus hombros la responsabilidad tremenda de mover la batuta. Beto Villena, el “Rey de la Salsa “. Se la encargó el legendario Rogelio Martínez y la estuvo dirigiendo hasta que lo sorprendió la muerte.

En uno de esos caminos, Beto y yo nos encontramos y, como decía Marlon Brando en El Padrino, la “Sonora Matancera” me hizo “una propuesta que usted no podrá resistir”.

Pero vamos por partes.

Primero tienen ustedes que decirme que recuerdan a Beto Villena… de otra forma, no sigo. Claro que sí. Es el mismo que en los setenta, introdujo en el Perú un ritmo que nunca ha cesado de sonar, y que en cierta forma expresa un estado del alma nacional, la salsa, que ha borrado las tradicionales diferencias de antaño e invadido los espacios más irreductibles.

Pocos saben que, antes de eso, Beto hizo estudios completos de música en el Conservatorio Nacional y que luego, en Bogotá, se haría Licenciado en Ciencias de la Comunicación , y que su pasión por la música lo llevaría a estudiar varios años en la Escuela Experimental de Folklore de La Habana.

En Colombia, habría de comenzar su carrera artística nada menos que como“Rey de la Salsa” y, muy poco tiempo después, brillaría en Nueva York al lado de luminarias como Celia Cruz, Eddie Palmieri o Willie Colón.

A Lima Beto Villena llegó en 1972, como si su misión fuera introducir la salsa en el Perú y él se la hubiera tomado muy en serio, pues así lo hizo en establecimientos que fundó exclusivamente para ello como “Los Mundialistas”, “El Durísimo” o el “Bertolotto”.

En 1990 diría adiós a la salsa, y cerraría incluso las “máquinas del sabor”, que también había creado.

En 1997, los “matanceros” pasaron por Lima, y de allí fueron directamente a Pacasmayo, de donde es originario Beto Villena, y se le había ocurrido llegar a su pueblo con este regalo de fiestas patrias.

Por supuesto que no había teatro que fuera suficiente para las 10 mil personas que los escucharon en un estadio de la ciudad, y que alternativamente bailaban, suspiraban o guardaban un largo y religioso silencio cuando, por ejemplo, el ya mitológico Alberto Cortez de Cuba cantaba: “¡Qué saben de la vida/ los que nunca han vivido/ los que nunca han sufrido/ una pena de amor…!”

Ternos negros y fosforescentes corbatas michi, color concho de vino, allí cantaban también Rubén de Alvarado, del Perú, y el colombiano Yayo La Mar , mientras el maestro de Cali, Augusto Ramos, se sentaba al piano. “Contigo/ se fue toda ilusión/ la angustia/ llenó mi corazon”. “Dos almas que en el mundo/ había unido Dios./ Dos almas que se amaban/ eso éramos tú y yo.”

Como Beto Villena, viví mi infancia en ese puerto del norte del Perú, al que había llegado de vacaciones para alimentar aún más la nostalgia que después me devoraría en el norte de los Estados Unidos donde vivo.

“¿Qué te parece si hacemos una canción a Pacasmayo?” –me propuso Beto, y ésa fue la propuesta que me pareció imposible de resistir. No sé si Beto la está cantando ahora en el cielo, pero todo puede ser y todo puede ocurrir en este lugar del corazón que se llama la nostalgia.

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