Published On: mar, Mar 20th, 2018

¡Mamita, los comunistas!

¡Mamita, los chilenos! y ¡mamita, los ecuatorianos! han sido expresiones que usaban nuestros gobiernos cuando sentían la experiencia del fracaso o cuando las encuestas de popularidad les resultaban retrecheras.

Esos gritos servían para desviar la atención, inflar los presupuestos de defensa, burlar el control de gastos y establecer un orden marcial en el cual los periódicos o los ciudadanos disidentes podían ser calificados de traidores o enemigos de la patria.

Ahora la voz de orden es ¡Mamita, los comunistas y hasta mamita, los terrucos!!… La lastimera postura de un presidente que no sabe enfrentar como hombre sus problemas morales lo ha llevado a usar tácticas que nos recuerdan al Adolf del biogotito.

El ataque contra las obras de arte exhibidas en el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social LUM, la destitución del director del mismo, Guillermo Nugent y por fin la salvaje censura contra el Museo de Arte de Lima muestran un macartismo rayano en la estupidez. Igual, la pezuña brutal de la vicepresidente Araoz sobre la tumba de un admirado dirigente socialista.

Los terrucos, dice PPK, o también los comunistas, por cualquier ciudadano, hoy el 70 por ciento, que no lo supone moralmente apto para ejercer la primera magistratura del país.

¡Esa terruca, media roja, que nunca ha hecho nada en su perra vida! llamó en su momento Kuczynski a la candidata Verónika Mendoza con un lenguaje propio del patán que producen algunas escuelas primarias gringas.

Trata como terrorista cualquier forma de protesta social. De los maestros en huelga, dijo del año pasado que asumían “posturas terroristas”.

Alguna prensa chicha ha llegado a decir que el Partido Comunista “Patria Roja” está planeando secuestrar a los diplomáticos norteamericanos. No ha habido un desmentido del gobierno que estableciera distancia con los autores de estos delirios.

Más bien, el ministro de educación acompañado de “técnicos” fujimoristas ha iniciado una investigación sobre nuestro currículo escolar que tendría por objeto limpiar la imagen de Fujimori.

Ni el propio Papa Francisco se ha salvado de ser llamado procomunista por Aldo Mariátegui, ideólogo de Kuczynski.

Nuestra escritora Gabriela Wiener denuncia “una cloaca política y mediática en la que vivimos: Estado policial, cultura del negacionismo, criminalización de defensores de derechos humanos, prensa chicha resucitada y farsas de inspiración montesinista.”

En cuanto al terrorismo, ese fenómeno ya no existe. Sendero Luminoso fue derrotado y, por su parte, el movimiento revolucionario Tupac Amaru hizo renuncia explícita a la lucha armada a finales de los 90 en el siglo pasado y llamó a sus bases a la lucha política electoral.

Sin embargo, los abogados de Guzmán están acusados de terrorismo y, por su parte, los deudos no pueden enterrar en paz a sus muertos, y sus míseros catafalcos, llamados pomposamente “mausoleos”, están a punto de ser dinamitados.

Desde ningún punto de vista es aceptable que los civiles hayan iniciado una guerra. Tampoco es admisible que el Estado emprenda una represión por encima de los límites que la Constitución le impone. Y encima de todo que, 20 años después, intente la muerte civil de quienes ya sufrieron largas prisiones con métodos tan perversos como negarles el trabajo en sus profesiones.

¿Por qué no permitirles trabajar como cualquier otro peruano y, más aún, alentarlos a que expresen sus ideas en el plano democrático? De repente, lo hacen bien. Eso ocurrió con Nelson Mandela, en Sudáfrica, o el Presidente Mujica en Uruguay.

En sus últimos días como presidente, Kuczynski está mostrando lo peor de su personalidad. Es ignorante, prepotente y proclive a la deslealtad. Ha traicionado, uno tras otro, a todos los grupos políticos. Incluso a la propia lideresa Fujimori a quien intenta arrastrar a un cisma familiar.

Caerá. Luego de la vacancia, la democracia del país debe irse limpiando de este infame sabor macartista oloroso a alcanfor que PPK nos ha legado. Fue el último estertor de un mandatario indecente.

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