Published On: Dom, Ene 26th, 2014

Los Awá-Guajá, los guardianes de la selva

Awá-Guajá2(Yuri Leveratto).-El estado brasilero de Maranhão, de aproximadamente 331.000 kilómetros cuadrados de extensión, está habitado por tan sólo un poco más de 6 millones de personas. Es un territorio más que todo rural, donde la selva tropical se alterna con planicies. La mayoría de los ríos del Maranhão desembocan directamente en el Océano Atlántico. Una parte del estado pertenece a la cuenca del Río Tocantins que confluye en el Pará, un brazo del Río Amazonas.

Es justamente en la zona occidental, junto a la frontera con el estado del Pará, donde viven desde tiempos ancestrales algunos grupos de indígenas Awá-Guajá, cuya consistencia numérica no alcanza las 400 personas.

Este grupo indígena, antes del contacto con la Funai, establecido en 1973, era totalmente nómada y se sustentaba sólo con la caza, la pesca y la cosecha. Incluso no sabía encender fuego (1), aunque a veces lo utilizaba, y no fabricaba ni cestas ni cerámica.
Sólo precisamente después del contacto, los Awá-Guajá empezaron a cultivar la mandioca, con un proceso complejo y no desprovisto de contradicciones.
A causa de varias enfermedades que, por desgracia, se difundieron después del encuentro, el número de mujeres respecto a los hombres es de 2 a 1, y eso condujo al desarrollo de procesos de poliandria.
Los Awá-Guajá, que hablan una lengua perteneciente al grupo Tupí Guaraní, viven al interior de dos tierras indígenas: Alto Turiacu y Caru.

Lamentablemente, ya desde hace varios años, los Awá-Guajá están amenazados por madereros (traficantes de madera) que se introducen ilegalmente en sus tierras. También en este caso, como en otras áreas indígenas, haber demarcado el territorio y haber expulsado del mismo a los no-indígenas se reveló inútil, ya que tanto los comerciantes de leña como los garimpeiros (mineros ilegales) entran a sus zonas y las explotan, indiferentes a los derechos de los indígenas. Como se sabe, en efecto, los suelos indígenas son inmensos y obviamente es imposible controlar todas las incursiones.

A todo eso se suman las amenazas del denominado “movimiento ruralista” que va en contra de la demarcación de las tierras indígenas,con el fin de que sea reconocido el derecho de propiedad de aquellos que fueron expropiados de sus dominios en el acto de circunscripción.

Está claro, entonces, que el proceso forzado que llevó a la delimitación de tierras y a la consiguiente expulsión de personas no-indígenas fue altamente invasivo y no produjo los resultados esperados.
Dividir por completo a los indígenas de los no-indígenas no es siempre un proceso justo, en mi opinión (excepto obviamente en lo que a los no-contactados respecta).

Las enormes desigualdades de Brasil, país contradictorio donde por pocos multimillonarios en dólares hay millones de pobres, y donde algunos terratenientes disponen de propiedades de inmensas extensiones, se hacen sentir hoy, y es por esto que los garimpeiros o los madereros tratan de subsistir introduciéndose ilegalmente en las áreas indígenas. Es cierto que su conducta es ignominiosa, pero no tienen elección: también ellos son víctimas de un sistema que los relegó al margen de una sociedad donde el capitalismo extremo es la norma.  Yuri Leveratto

Foto de Sebastiao Salgado

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