Published On: lun, Sep 8th, 2014

Los andenes de Pinchaunuyoc

ChoquequiraoEn la ruta que va desde el distrito cusqueño de Santa Teresa hacia Choquequirao existe un grupo de andenes y canales de regadío de indiscutible origen inca.
El distrito de Santa Teresa ha ganado un lugar entre los atractivos turísticos del Cusco porque ofrece un circuito de trekking que llega hasta Machu Picchu, siguiendo una ruta paralela al río Urubamba.

Pero Santa Teresa también ofrece una sucesión de cascadas propias de la Selva Alta y un lugar de descanso  y solaz para los viajeros en los baños de aguas termales de Cocalmayo. A todo esto se suma el nuevo circuito de acceso hasta el enigmático complejo arqueológico de Choquequirao.

El expedicionario James Posso, de la Asociación Ñan-Perú, es uno de los que más conoce esta ruta.
Para Posso esta nueva vía es tan espectacular como el acceso tradicional que parte desde Cachora, en Apurímac. “Pero la sorpresa es que dos horas antes de llegar caminando a Choquequirao nos dimos con unos imponentes andenes suspendidos sobre los abismos del cañón del Río Blanco”.

Entre los lugareños este lugar es conocido como Pinchaunuyoc. Pero el nombre aún no figura en los circuitos oficiales cusqueños.

‘Pinchaunuyoc’ significa canal de regadío y es el mejor nombre para esta maravilla de la ingeniería hidráulica inca. La zona es frecuentada por los mochileros peruanos y extranjeros que la usan como campamento previo al último tramo que va hacia Choquequirao.

Para llegar a Pinchaunuyoc lo primero es llegar a Santa Teresa, ubicada en un desvío de la carretera que va hacia Quillabamba y a orillas del río Urubama.

En el poblado existen buenos hospedajes (el promedio es de 20 soles la noche) y todo tipo de servicios.
Si quiere seguridad y garantía, pregunte por el célebre ‘Doroteo’, un experimentado guía de trekking que ha recorrido los circuitos que van a Choquequirao, Machu Picchu y Vilcabamba.

La jornada para llegar a los andenes se inicia a las cinco de la mañana. Los expedicionarios se internan en las montañas rumbo al abra Mariano Llamoja, sobre los 4,660 metros sobre el nivel del mar.

“De arranque, la ruta tiene un enorme impacto paisajístico. Hemos salido de un piso ecológico propio de la Selva Alta y en menos de tres horas pasamos por el abra Llamoja. Desde las ventanas de la camioneta contemplamos el imponente pico del Apu Salcantay y de los nevados vecinos Pumasillo, Tucarhuay, el Verónica y el Huacay Huill-ca, entre otros”, dice James Posso. La ruta en automóvil se acaba en Yanama, un poblado que parece congelado en el tiempo y ubicado en medio de un paisaje de montañas y andenes vivos.

Desde Yanama empieza la caminata en ascenso hasta el abra de San Juan (4,150 m s.n.m.), célebre por ser paso obligado de las antiguas caravanas de camélidos que unían las cuencas del río Apurímac con la del Urubamba.

Desde el abra, se parte hasta las orillas del Río Blanco, aunque lo recomendable es pasar la noche en la zona  conocida como Pajonal. Al día siguiente hay que partir muy temprano para el duro ascenso que llega hasta unos bosques nubosos. “Es en medio del bosque –describe Posso– donde surgen los enormes andenes de Pinchaunuyoc. Esta obra maestra de la ingeniería inca nada tiene que envidiar a Machu Picchu y Choquequirao”.

Los trabajos arqueológicos han logrado recuperar el esplendor de los andenes de Pinchaunuyoc, con sus canales de regadío, tambos e instalaciones de uso agrario.

Los expedicionarios nacionales que llegan hasta este lugar siempre se encuentran con extranjeros que hacen trekking y que están en ruta hacia Choquequirao. Hay una suerte de camaradería entre ellos porque saben que han descubierto un lugar hasta ahora poco frecuentado.
Es la complicidad que hay entre caminantes y aventureros.

Tomado del diario La República de Lima

Texto: Roberto Ochoa B. 
Fotografía: James Posso

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