Published On: mar, Mar 20th, 2018

Lealtad

Ningún político debe avalar los delitos o los errores de los funcionarios públicos, menos si se trata de políticos supuestamente entregados a la causa del bien común.

Juscelino Kubitschek, el que fuera presidente de Brasil, tenía una frase lapidaria para este tipo de situaciones: “Yo no tengo compromisos con el error”. El compromiso con el error genera una factura política impagable. Por eso, si un político ha cometido un error (o un delito), lo mejor es asegurar el debido proceso y el respectivo descargo, pero no ensayar una defensa cerrada mientras subsista una duda razonable. Este es el deber fundamental de la clase política, porque si ella falla en el control, entonces el radicalismo capturará al Estado y vendrá el rechinar de dientes.

La lealtad fundamental de la clase política es con el sistema y con los líderes honestos, y esta lealtad es una cuestión de supervivencia y sentido común. Los compromisos con el error socavan el Estado de Derecho y la legitimidad de los poderes del Estado. Hemos de comprender que cumplir con la Constitución y las leyes respetando el procedimiento y el equilibrio de poderes no es un derecho, es un deber ineludible. O combates el error o pereces con él. Esto no implica maltratar a las personas (suaviter in modo, fortiter in re), pero sí pasa por reconocer que para salvar al Perú algunos tienen que dar un paso al costado y retirarse a meditar.

La Presidencia no es el Presidente. El Perú debe salir de esta crisis reafirmándose en sus instituciones y reconociendo que la excepcionalidad de Odebrecht ha provocado un escenario de medidas también extraordinarias. Dolorosas e inusuales. El cáncer debe ser extirpado de raíz, caiga quien caiga, de lo contrario todo se derrumbará.

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