Published On: Jue, Nov 3rd, 2016

La respuesta del poder

martinPara acabar con el copamiento “caviar” del Estado. La imagen es elocuente. Frente a los reiterados agravios de los filochavistas del Frente Amplio, animados por la bancada invertebrada de PPK (que para eso sí sabe unirse), la congresista Úrsula Letona dejó unas frases claras como el agua: “¿Ustedes qué creen? ¿Que nosotros no sabemos contestar? ¡Bien equivocados están! ¡Ubíquense!”. La indignación de la congresista de Fuerza Popular es la respuesta a una campaña de amedrentamiento que han iniciado el gobierno y sus aliados para impedir que la oposición liderada por Fuerza Popular ejerza el poder que el pueblo le otorgó en las elecciones. La respuesta de Letona es, por tanto, la de un poder que se ejerce siguiendo las reglas de la democracia. Es un poder legítimo que se enfrenta dialécticamente a otro poder.

En un escenario de simetría institucional, y en el que el gobierno de PPK se desmorona apenas transcurridos sus primeros cien días, es natural que Fuerza Popular se pregunte sobre los límites de su actuación. Úrsula Letona formula una pregunta que ella misma responde. Su retórica se traduce, por tanto, en una afirmación. Fuerza Popular sabe contestar. Claro que sí. Fuerza Popular responde, además, en clave de poder. La respuesta de Fuerza Popular a los errores del gobierno en materia de asesores presidenciales y ministros continuistas se plasma en una estrategia muy concreta con respecto al copamiento del aparato estatal por parte de la izquierda y sus aliados liberales. Fuerza Popular ha comprendido que el control del aparato estatal es un objetivo permanente de la izquierda, y que ese control ha sido un instrumento utilizado para bloquear su acceso al gobierno. Lo mismo sucede con los medios de comunicación privados, infiltrados por el pacto socialdemócrata.

La respuesta de Fuerza Popular es una respuesta en clave de poder. El Estado no debe estar en manos de los que pierden las elecciones de manera sistemática. Hace quince años la izquierda inició un copamiento caviar que se ha configurado como una revolución permanente. Sin importar los gobiernos y el resultado de las elecciones, la izquierda siempre ganaba con pactos bajo la mesa. Así no solo conservó sus islas de influencia, también logró ampliar sus dominios hasta dirigir ministerios enteros copando los mandos medios. Los más importantes: educación, justicia, cultura, salud, interior. Tanto la “gran transformación humalista” como la “gran improvisación pepekausista” han favorecido la subsistencia de esta izquierda inmune a todo cambio de gobierno.

La respuesta de un poder consciente de su responsabilidad histórica debe sujetarse al estado de derecho. Cuando Fuerza Popular propone a personas distintas de la argolla caviar no solo actúa de manera legítima, también ejerce una estrategia impecable desde el punto de vista legal. El pueblo peruano ha buscado que una mayoría en el Congreso tenga el poder suficiente para acabar con este copamiento artificial que no responde a nuestra comunidad política. El Perú no es un país izquierdista. Los caviares son minoría. Una minoría radical y maniquea no debe controlar el Estado. Cuando lo hace, acaba con las mayorías. El mandato del pueblo es un mandato de control y cambio. La oposición debe comprender que un objetivo fundamental de este periodo es acabar con este copamiento izquierdista, por artificial y por disolvente. Así, cada cargo estatal en manos de la izquierda es una trinchera que juntos tenemos que liberar.

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