Published On: Vie, Mar 11th, 2016

La política de la vida

martinEl Perú marcha contra la cultura de la muerte La política, que es el arte del bien común (ars aspergendi), tiene el deber de construir una civilización basada en principios capaces de transformar la realidad de manera positiva. Cuando la política renuncia a este imperativo es reemplazada por una antipolítica que rápidamente pervierte la sociedad atacando los fundamentos esenciales de la convivencia. La antipolítica, empleando un lenguaje falsamente sofisticado y pseudocientífico, manipula la evidencia y fomenta el relativismo evanescente. De este relativismo puede nacer un consenso momentáneo que está condenado al fracaso y la esterilidad.

La destrucción del orden natural ha llegado a un punto de quiebre en el que incluso el momento en que empieza la vida y la protección que todo ser humano merece ha llegado a ponerse en entredicho. Un hecho científicamente demostrado como es el de la existencia de la vida desde la concepción es infravalorado por un sector capturado por una ideología que promueve abiertamente la cultura de la muerte plasmada en el movimiento abortista. El movimiento abortista no se presenta como tal y utiliza el eufemismo de la libertad para defender la aniquilación física del más indefenso de los seres humanos. La confluencia de la izquierda con este movimiento (más bien, la simbiosis) denota el concepto errado y perverso de libertad que maneja la progresía global. La libertad para ellos es el libertinaje luciferino ofrecido por la serpiente, esa capacidad totalitaria de imponer demagógicamente el individualismo exacerbado sin importar quién caiga en el camino.

Pues bien, queridos amigos, el que yace en el camino es el concebido. Su cadáver ha sido arrojado al sendero democrático de la indiferencia por la unión de dos sectores bien concretos de la política global: los colectivistas de cuño marxistoide y los liberales de bragueta que se creen el superhombre de Ayn Rand. Esta díada ha conformado un pacto liberal-socialdemócrata que busca relativizar todos los principios que contradicen sus propias ideologías y parten de una antropología radicalmente anticristiana. La perversión de la libertad, el libertinaje político y moral se convierte así en la base de una sociedad cruel que desecha a sus propios hijos en nombre de un individualismo mal entendido que no se compromete con el doble bienestar que debe proteger: el del niño y el de la madre.

Por eso, miles de peruanos se reunirán este sábado 12 de marzo a las 3 de la tarde en la esquina de la Avenida Javier Prado y la Avenida Brasil para afirmar con alegría y convicción que mucho más fuerte que esta cultura de la muerte es la civilización de la vida, la buena política que defiende la vida. Y también será preciso recordarles a los políticos peruanos que la apuesta por la muerte del concebido tiene una consecuencia directa sobre sus candidaturas: el declive seguido del fracaso.

El Perú es un país sano que respeta y valora la vida humana, especialmente la de los más indefensos. Aquellos que leen de manera incorrecta esta realidad fundamental de nuestra sociedad tienen que prepararse para defender sus posturas ante la opinión pública, sin evasivas ni eufemismos pseudo- libertarios. El que apuesta por la muerte, que cargue con la muerte. En cambio, los que creemos que toda vida tiene un valor infinito, este sábado, contigo, todos juntos, ¡vamos a marchar!

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