Published On: Lun, Ago 15th, 2016

La conexión venezolana

martinDesnuda las intenciones y el programa de la izquierda peruana. La izquierda peruana, a lo largo de los últimos veinte años, ha copado numerosos espacios de poder en el Estado, en la academia y en los medios de comunicación. Se trata de una estrategia bien organizada, ya que parte de la premisa leninista de que un grupo pequeño, pero estructurado y con una ideología particular, es capaz de tomar el poder y establecer un modelo de gobierno para todo un país. Ahora bien, parte de esta estrategia radica en la promoción de una nueva imagen para la izquierda —una imagen de modernidad radical, institucionalista y democrática—, que rompe con la promoción de la violencia como partera de la historia y con el viejo anhelo de instaurar una dictadura del proletariado como primer paso para construir una sociedad ácrata.

El ecologismo se transformó entonces en uno de los nuevos dogmas de la izquierda, y el derecho humanismo reemplazó los postulados del materialismo dialéctico. Sin embargo, casos como el de la Venezuela chavista demuestran hasta qué punto la supuesta modernización de la izquierda es una falacia propagada por los medios de comunicación liberales, y no una auténtica transformación esencial.

En un escenario de poder mayoritario, la izquierda renuncia al maquillaje estratégico y apuesta por la instauración y la defensa abierta de la dictadura. Legitimar al chavismo equivale a destruir la propia esencia de la democracia, instrumentalizando las instituciones con el fin de defender los falsos “logros de la revolución”. El chavismo es un comunismo de manual; con tintes tropicales, pero respetuoso de la estrategia leninista de destrucción del enemigo y de aniquilamiento de la “democracia burguesa”. La prueba del fuego del chavismo, nuestra izquierda supuestamente moderna, simplemente no la ha pasado.

Esto tiene que hacernos reflexionar sobre el presente y el futuro de la izquierda peruana. Vinculada ideológicamente al totalitarismo marxista, la izquierda es incapaz de comprender la verdadera naturaleza de la democracia ya que, por su desviación ideológica, la considera un instrumento de sus intereses. Instrumentalizar la democracia tiene un costo popular. Ese precio, la izquierda del Frente Amplio lo acaba de pagar.

Contrastado el totalitarismo chavista, el Frente Amplio ha sido incapaz de denunciarlo. No se trata solamente, como algunos sospechan, de un problema de caja y dinero. Tampoco de la conexión que nace del romanticismo político revolucionario. El nexo esencial continúa siendo ideológico y por eso, precisamente porque el chavismo está emparentado con nuestra izquierda, los progresistas peruanos son incapaces de deslindar con el socialismo del siglo XXI.

Este parentesco es un obstáculo a largo plazo, aunque no táctico, para la alianza peruana entre los izquierdistas del Frente Amplio y los liberales que buscan instaurar un Estado promotor del laicismo rabioso. Es difícil, incluso para los liberales relativistas, forjar una alianza derecho humanista con un movimiento que defiende la proscripción política de la oposición venezolana. Venezuela desnuda las intenciones y el programa real de la izquierda en el Perú. Mientras los señores del Frente Amplio cavilan en su ideología, en el país de Bolívar la gente se muere de hambre. He allí la evidencia que los peruanos tenemos que ponderar.

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