Published On: Lun, Feb 27th, 2017

Personajes: Julio Granda, «El Rey a los 50»

(Renzo Gómez, La República).- Silencio. Trescientas personas guardan improfanable silencio frente a dos sujetos con la cabeza enterrada en un tablero. Hace unos minutos, nada más, el escenario de este teatro fue tomado por un grupo de cantores universitarios en malla y un puñado de periodistas. Mientras unos entonaban coplas, los otros irrumpían con preguntas en voz alta hacia el mayor de los sujetos, quien recibió después un diploma, una torta de chocolate y ‘Las Mañanitas’.

Reina ahora el silencio en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). Julio Granda (50) y Jorge Cori (21) disputan su segunda y última partida de ajedrez. Ambas pactadas a diez minutos. En la primera, Cori abandonó. En esta, el muchachito –que luce unos mechones rojizos– ha jugado con las fichas blancas pero ha desperdiciado su ventaja. Dos torres y cuatro peones custodian a sus reyes. Granda no se arriesga, asegura el empate y, por lo tanto, la victoria.

El alboroto retorna y, con él, el legítimo derecho popular de invadir el escenario. “Julio es el personaje que más ha aportado a nuestro ajedrez. Mi propósito no ha sido otro que reforzar la cultura de la gratitud oportuna”, dice, con elocuencia, Fernando Caller (73), docente de ciencias y organizador del evento. No es nuevo en estas lides. En diciembre del 93, Caller gestionó la primera y única visita al Perú del ruso Garry Kaspárov, el campeón del mundo más joven de la historia.

El año anterior, Julio Granda se había ubicado entre los 25 mejores del mundo, y la prensa atormentó al ruso con la duda repetida: ¿será el nuevo campeón? Kaspárov estalló: “¿Qué tanto se fijan en Granda? Es un ajedrecista con un potencial muy limitado. No avanzará más”.

Y no lo hizo.

 

A un paso del Elo 2700

 

Desde 1986, cuando obtuvo su norma de Gran Maestro Internacional a los 19 años tras ganar el ‘Capablanca in Memoriam’ en Cuba, Julio Granda ocupó durante 30 años, sin mayores amenazas, el trono del ajedrez nacional. Ni siquiera, en el interín de su retiro, entre 1998 y 2002, hubo jugador que hiciera peligrar su pedestal.

En la última década, brotó talento con Emilio Córdova y los hermanos Cori. Pero la postal parecía más la de un padre junto a sus aplicados hijos, que la de un cabecilla al lado de sus temibles rivales. Hasta que los niños crecieron en edad y temeridad.

Desde octubre pasado, Emilio Córdova (25) es el flamante número uno, con un Elo (sistema de puntuación) de 2655, situándose en el puesto 101 del ranking FIDE. Jorge Cori, por su parte, se ubica en el puesto 202, con Elo 2612, pero su medalla de bronce en la Olimpiada pasada le otorga sobrado crédito.

“Mi familia me dijo que me retirara cuando dejara de ser el número 1 del Perú. Era inevitable. Pero jugaré hasta cuando pueda”, nos cuenta Granda en una pollería del cono norte, donde prosiguen las celebraciones por sus 50 años de vida y 45 de carrera.

Extrañísimo y determinante el 2016 para Granda. En junio ascendió hasta el puesto 42 del ranking, en una arremetida que lo despertó de su conocida inercia, poniéndolo a una partida del Elo 2700, la barrera que según los entendidos divide a la élite de los buenos jugadores. En el Abierto de Benasque, en Aragón, España, un revés, en la punta de la gloria, originó que Granda se estancara en el fotográfico Elo 2699, 98. Leyó bien: coma 98.

Desde entonces, ha ido en caída libre, salvo por un torneo en Brasil, en enero. Elo 2645 y puesto 125 son sus números actuales.

“Soy frío, pero la presión me pasó factura. Mi descenso me ha obligado a aceptar que debo empezar una nueva etapa. No sé si se me presentará otra oportunidad”.

Reconciliaciones

El 3 de enero, Daniel Granda Quintanilla, un ex policía y agricultor arequipeño, cumplió 77 años. En su casa, en Camaná, nadie esperaba al tercero de sus siete hijos.

Estela (47), la quinta del clan, engañó a su padre, haciéndole creer que Julio se encontraba jugando un torneo en España, donde reside desde hace diez años junto a su esposa y sus cuatro hijos.

“A mi padre casi le da un paro. No podía con la emoción. Mis hermanos lloraron”, narra Estela, quien en el 2013 escribió Al otro lado del tablero, en homenaje a Julio Ernesto, como le dice a su hermano.

El impacto aquel no se debió solamente a la sorpresa, sino al perdón. No solamente al de un padre y un hijo, sino al perdón entre un maestro y su alumno.

Julio lo ha dicho cientos de veces. Si desde los cinco años se dedica a librar extenuantes batallas de ingenio sobre un tablero es básicamente por el empeño de su padre, su primer y único maestro, con quien estuvo distanciado por considerable tiempo.

“Uno debe tener un respeto incondicional con los padres. A veces uno no lo entiende. Yo cometí un error, y mi padre ha tenido la hidalguía en perdonarme”. No ha sido su única reconciliación en lo que va del 2017. El lunes una foto asombró en las redes sociales.

Aparece Granda, dándose un apretón de manos con Boris Ascue, el presidente de la Federación Peruana de Ajedrez, y el lema en latín: Gens una sumus (Somos una familia). Una escena improbable hasta hace poco.

En abril de 2016, a través de una extensa carta, Julio Granda renunció a la selección nacional, indignado, porque no le costearon su participación en el Continental de las Américas en El Salvador, aduciendo el peligro del volcánico país.

En junio, Emilio Córdova conquistó el Continental, y en setiembre, la selección peruana, con Córdova como número 1, alcanzó el décimo lugar en las Olimpiadas de Azerbaiyán, su mejor ubicación en la historia. A Granda le tocó comentar las partidas por Internet.

“A mí no me gusta condicionarme, pero no por eso voy a dejar de reconocer las cosas. Mi ausencia motivó que los muchachos asumieran un liderazgo espectacular que aplaudo”.

-¿Volverá a la selección, entonces?

-El presidente me ha invitado otra vez a integrar el equipo. Y si aún soy útil, estaré a su disposición. El año pasado quisieron que jugara por España, pero me negué. Tengo un compromiso con el Perú.

-¿Es cierto que nunca se ha considerado un jugador fuerte?

-Depende del contexto en el que se diga. Mucha gente que no sabe de ajedrez me consideró un serio aspirante al título mundial. Y objetivamente nunca lo he sido.

-¿Qué le faltó?

-Hambre y disciplina. Pude llegar al top ten, pero el hecho de haberme formado de una manera bastante empírica y caótica, que refleja nuestra idiosincrasia, me impidió llegar a niveles más altos. El único culpable soy yo. No voy a poner excusas de que no tuve apoyo. Porque lo tuve. Pero me faltó actitud. El ser humano tiende a conformarse. Y con talento no basta.

Aunque suene a mito, Julio Granda, en sus 45 años de trayectoria, no ha terminado de leer un solo libro de ajedrez. Su aversión a la teoría proviene de su frustrada afición por el fútbol. Mientras sus hermanos quedaban en feliz afonía por sus goles anotados, él se quedaba en casa, desganado.

Su escaso apego a las computadoras ha sido otro de sus frenos. Desde el año pasado, sin embargo, se ha propuesto ponerlos en jaque . La razón: sus primeros seis alumnos.

A esa nueva etapa se refería.

-¿Se ve en el futuro en su huerta de Camaná, sembrando y podando árboles?

-Es difícil que mis hijos se adapten al Perú. Lo normal es que pase el resto de mi vida en España, aunque siempre tenga el estímulo de volver.

Nota de Redacción: Tomado del Suplemento Domingo del diario La República de Lima

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