Published On: Lun, Feb 16th, 2015

Jóvenes Turcos

martinEl humalismo se ha perdido por varias razones. La incapacidad de Palacio, la soberbia de NALLANTA, el ambiente de decoratismo virreinal que rodea a sus fieles, los ladridos de Urresti y el voluntarismo de sus técnicos. Leyendo la historia de los jóvenes turcos me viene a la mente de forma inmediata la tecnocracia humalista. El voluntarismo de los pulpines que Nadine promovió a lo largo de todo este gobierno no favoreció en absoluto la gran transformación. Por el contrario, la detuvo, la minimizó hasta convertirla en otro reformismo fracasado.

Saber corregir el error de los nombramientos en el momento oportuno configura un incentivo de management y mantener en el puesto equivocado a quien no tiene la capacidad para ello provoca desconcierto y parálisis. Los jóvenes turcos del humalismo han fracasado. Por voluntaristas, por utopistas y por su profundo desconocimiento de lo que es el Perú en realidad, el humalismo solo llega a la categoría de reforma inconclusa porque estrella al país en un horizonte de oportunidades perdidas. Cuando la estrategia no es clara, cuando el objetivo no es patente, los reformistas de todo gobierno son reemplazados por los que sí tienen agenda, aunque se trate de una hoja de ruta personal.

Es así cómo se construye Urresti. El ministro que es incapaz de detener la violencia en Pichanaki tiene una hoja de ruta propia aunque parezca que juega en pared con Palacio de Gobierno. Hace tiempo que ha percibido la falta de rumbo de sus patrones y, convirtiéndose en un elemento funcional, se prepara para dar su propio salto. Cuando no hay estrategia, cuando no hay objetivo, el que sí tiene estrategia y conoce sus objetivos se lanza en busca del poder. Los jóvenes turcos del humalismo han liquidado la estrategia de las reformas, adormeciéndolas hasta convertirlas en planes inocuos, inaplicables como la ley pulpín, o ideas malas que intoxican, como Qali Warma.

Gobernar de espaldas a la realidad produce este tipo de  paradojas. Supongo que Humala pensaba, presa del romanticismo político, que sus jóvenes turcos serían capaces de repetir los éxitos de otros gobiernos. No contó con su inexperiencia, con la falta de un objetivo común movilizador, con el poco apoyo político que él mismo se ha esforzado en menoscabar. El humalismo en su mejor momento aspiró a la reforma. Pero hasta este extremo lo diseñó mal. Para reformar hace falta apostar por cuadros que conozcan de verdad la realidad peruana, que quieran trascender en la historia, que busquen el bien común y la grandeza del país. No es posible consolidar una reforma fichando a jóvenes turcos inexpertos, voluntaristas, carentes de olfato político, viscerales, incapaces de rectificar ante la evidencia que contradice sus estudios. Así solo se puede aspirar al error.

El voluntarismo técnico es consecuencia directa del voluntarismo político. El error de los jóvenes turcos del humalismo es un error de NALLANTA. Ella y él decidieron apostar por los estudios técnicos antes que por la realidad. A este fracaso se aplica el sabio apotegma: “Tú lo quisiste Fraile Mostén; tú lo quisiste, tú te lo ten”.

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