Published On: Sáb, Jul 5th, 2014

Envidia conyugal

martinRecluida en su sonambulismo palaciego, la pareja presidencial solo se despierta y actúa cuando los escalofríos de envidia que le provoca la figura de Alan García se transforman en punzadas insoportables. Tiene que ser devastador, desde el punto de vista psicológico, comprobar cómo el expresidente es capaz de superarlos políticamente una y otra vez, sin mayor esfuerzo aparente.

La pareja presidencial sufre un caso agudo de envidia conyugal, agravado por el hecho tangible de que teniendo la cumbre de la colina ambos son incapaces de batir al que intenta tomarla. Tales son las paradojas de la mediocridad: cuando llega al gobierno, cava su tumba. El pueblo no tarda en comparar y pronto llega el desprecio, la condena a su debilidad.

La consecuencia natural de la mediocridad es la envidia. El mediocre es envidioso y, ante su incapacidad individual, fomenta conjuras en grupo para destruir al que sobresale. Normalmente, se envidia lo que no se tiene. La envidia conyugal es la manifestación de la incapacidad política del humalismo, su prueba tangible, el reflejo moral de su falta de estrategia.

El humalismo envidia lo que no ha logrado construir, envidia porque carece de liderazgo, envidia porque se siente cómodo premiando la mediocridad, pactando con los incapaces y refugiándose en la frivolidad cortesana de la conspiración. La venganza palaciega es consecuencia de la envidia. Este país solo cambiará cuando gobiernen los que merecen gobernar, no la coalición gris de los mediocres y envidiosos, esa procesión de larvas que tanto daño le ha hecho al Perú.

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