Published On: Vie, Oct 31st, 2014

El pragmatismo de Nadine

martinLo interesante de los publirreportajes, como el que acaban de hacer a la Presidenta Nadine, es que estos desnudan las consignas políticas del homenajeado. En el caso del anuncio publicado en EL PAÍS, Nadine Heredia intenta presentarse ante la opinión internacional como una feminista que no es ni de izquierda ni de derecha, ni de abajo ni de centro: ELLA ES EL PRAGMATISMO.

Esto, por supuesto, resulta interesante, porque el gobierno del Partido Nacionalista ha maniobrado a lo largo de tres años para situarse en las antípodas del pragmatismo. Su gran maniobra «pragmática», por llamarla de algún modo, fue la expulsión de la izquierda de algunos fueros directivos. Pero en escenarios muy concretos, como en el horizonte del desarrollo, el «pragmatismo» humalista brilla por su ausencia. De hecho, llamar «pragmatismo» a las intoxicaciones masivas de Qali Warma y a la incapacidad de rectificar en el subsidio nada tiene que ver con criterios de calidad en la gestión pública y sí con un vicio propio de la política: la soberbia con aroma clientelar.

Este intento de presentar a Nadine Heredia como una especie de continuadora de Dilma, Cristina y Bachelet parte de un error grave. Detrás de Dilma está el PT, cleptócrata pero partido organizado, al fin y al cabo. Detrás de Cristina, el peronismo, que siempre se une para medrar. Y detrás de Bachelet, un socialismo edulcorado con los escombros de la democracia cristiana. Ahora bien, ¿qué cuadros sostienen a Nadine? ¿El Partido Nacionalista? ¿Los cuadros de la chalina? Si la esencia de la tecnocracia humalista es el estilo Trivelli, estamos ante un pragmatismo francamente ineficaz.

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