Published On: lun, Ene 19th, 2015

El misterio de las cuerdas incas

quipusGary Urton, director del  Khipu Database Project, acaba de publicar Quipus de Pachacamac, un estudio minucioso de las herramientas de registro incas halladas en ese complejo arqueológico.

Publicado en La República de Lima. Texto: Raúl Mendoza / Fotografía: David Huamaní

Ocurrió hace unos 30 años en una conferencia: Gary Urton vio por primera vez un quipu inca y quedó fascinado. Lo miró y quedó atrapado por esas cuerdas atadas. Alguien lo había traído de alguna colección o de un museo: los hilos torcidos de cierta manera, los nudos distintos entre sí, la disposición de todas las cuerdas. Aquello lo deslumbró.

–Me gustó por su aspecto muy… técnico, muy fino– dice recordando ese día.

Gary Urton es director del Departamento de Antropología de la Universidad de Harvard y uno de los mayores especialistas del mundo en los quipus incas. Acaba de publicar Quipus de Pachacamac, un detallado estudio sobre todos los que se han encontrado en el complejo arqueológico ubicado al sur de Lima. Muchos no lo saben, pero la gran mayoría de quipus existentes proceden de este lugar de peregrinaje.

En la costa peruana hay una docena de sitios donde se han hallado quipus, pero Pachacamac tiene el número más grande de ejemplares: 95. “Eso tiene que ver con la importancia del sitio: era el centro religioso más respetado de la costa central, hasta allí venían desde distintos puntos del Tahuantinsuyo debido a la fuerza y el poder de su oráculo”, explica Urton.
El gran número de ofrendas debía requerir de una contabilidad precisa y eso explica la presencia de los quipus. El libro cita incluso un episodio histórico, ocurrido en 1533, que prueba esta práctica. “Hernando Pizarro señaló que cuando él y sus hombres sacaron los objetos del almacén (es decir la leña, las “ovejas” [llamas], maíz y chicha), los guardianes de los registros “desataron algunos de los nudos que tenían en la sección de depósitos (del quipu)”.

Colección única

Para Urton no solo es importante el gran número de quipus hallados en Pachacamac sino el valor de toda la colección,  que tiene gran variedad de estilos. “En otras colecciones hay patrones comunes que caracterizan a todo el conjunto, en Pachacamac, en cambio, los quipus son parte de varias tradiciones de la costa y sierra central”, explica. Eso obedecería a que los visitantes de Pachacamac traían sus propios quipus detallando sus ofrendas.

En Quipus de Pachacamac, Gary Urton no sólo explica las características de aquellos que pertenecen a la colección del museo de sitio, sino que da una lista detallada de los que fueron encontrados ahí pero hoy están en distintos museos del mundo. “Ese es un aporte del libro: hace un registro de muchos quipus que están fuera del país y que no se habían visto hasta hoy”, dice Denise Pozzi-Escot, directora del museo de sitio de Pachacamac.

Allí hay fotos de hermosos quipus que están en el museo de Berlín –que tiene una gran colección–, el museo de Gotemburgo o el museo Quai Branly de París. Gary Urton empezó con sus investigaciones en 1990 y hasta la fecha ha estudiado casi 900 quipus de manera personal. Además es director del Khipu Database Project, donde se recoge toda la información sobre los quipus existentes en el mundo.

“¿Algún quipu lo ha impresionado por alguna razón?”, preguntamos. Para él es dificil responder porque cada uno tiene su valor. Recuerda uno que está en un museo de Santiago de Chile: un quipu grande y muy interesante en términos de colores y complejidad. “Era parte de un centro administrativo de los incas del norte de Chile, en Arica”, dice. También cuenta que hay varios muy lindos en la colección que atesora el Museo de Berlín, con unas 400 piezas.

Urton conversa con nosotros frente a dos quipus recientemente hallados en una excavación en Pachacamac, que ya no entraron en su libro. Está terminando una investigación sobre un nuevo grupo de quipus hallado en Incahuasi, en el sur peruano. Su próximo libro tratará de ello y de todo lo aprendido desde el principio de sus estudios en 1990. Quiere estimular el interés de los jóvenes investigadores para que realicen sus propios estudios. “Es parte de su historia”, dice este estudioso enamorado del misterio de las cuerdas incas.

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