Published On: Vie, May 16th, 2014

El contubernio caviar-humalista

martinDe muchas cosas se puede acusar a nuestra izquierda, pero nunca debemos menospreciar su sentido de la oportunidad. La abyección, ese arte propio del mediocre, es un vicio cuya práctica exige refinamiento, hipocresía y, con frecuencia, una inteligencia desviada hacia el mal, una voluntad capaz de todo con tal de sobrevivir. Todos estos requisitos se cumplen cuando analizamos las recientes maniobras políticas de nuestra izquierda, que se alimentan de un falso principio: el fin justifica los medios.

Todo vale para la progresía, un día capaz de enfrentarse a sus enemigos en plan talibán sin que ello impida que a la mañana siguiente transforme su discurso y exija un pacto, una alianza estratégica, con tal de obtener prebendas y apoyo político. Hoy te insulto, pero mañana me humillaré en nombre de la política. Así es la izquierda del Perú. No cambia, no se moderniza, es incapaz de generar un espacio propio y por tanto se autocondena al parasitismo, al triste papel del subalterno que se complace en conspirar. Y no gobierna porque no sabe cómo gobernar.

Por eso, es comprensible que nuestra «izquierda moderna», la misma que ha llenado Lima de basura y desorden, quiera unirse en contubernio con el gobierno que ha repartido coliformes e ineficacia a lo largo y ancho del país. Lo hará una y otra vez con tal de permanecer en la palestra porque su estrategia solo tiene un objetivo: la supervivencia. No nos engañemos. No existe un modelo de izquierda socialdemócrata. Para que tal cosa tome cuerpo, sería necesario, imprescindible, un mínimo de gestión. La izquierda no tiene gestores. Ha fracasado en el poder. El túnel de Santa Rosa es su elemento. Esta es la razón del contubernio humalo-caviar. ¿Y quién pierde en este escenario? Tú, president@.

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