Published On: Jue, Dic 17th, 2015

El Castillo de diamante

martinEl hombre que nos visita es, qué duda cabe, la pluma más importante del catolicismo español y su obra, portentosa para una existencia apenas a mitad del buen combate, abarca diversos géneros, desde la novela hasta la columna, siempre alcanzando el grado sumo de maestría. Juan Manuel de Prada, finísimo orfebre de la prosa, ha llegado a la Ciudad de los Reyes tras una estancia arequipeña para presentar su última novela “El castillo de diamante”, en la que recrea el enfrentamiento entre Santa Teresa de Jesús y la Princesa de Éboli; es decir, la vieja riña entre la civitas Dei y la ciudad del hombre.

De Prada es un escritor capaz de arrancarnos lágrimas con artículos entrañables como “Una capa española”, donde evoca el regalo largamente prometido por un abuelo de amor innumerable, y también puede hacernos reflexionar sobre los fundamentos últimos de la existencia humana apelando a la atalaya segura de la philosophia perennis. Durante años he tenido la fortuna de leer sus espléndidas columnas en ABC en las que el maestro De Prada, como los primeros cristianos, se bate con denuedo enfrentando falsas doctrinas y denunciando nuevos heresiarcas. A Juan Manuel de Prada el mundo hispánico le debe no sólo la puesta en valor del vino noble de la tradición, sino también el rescate de muchos de sus defensores injustamente olvidados, como es el caso del argentino Leonardo Castellani. Así, la obra de Juan Manuel de Prada es una síntesis viviente enraizada en el cristianismo, una síntesis que no duda en resaltar que el catolicismo es, como decía nuestro Víctor Andrés Belaunde, la única utopía indicativa por la que vale la pena luchar.

Los críticos literarios, los que son medianamente imparciales y no pertenecen a la argolla fatal de la progresía, sabrán proclamar el talento de Juan Manuel de Prada como novelista. Sin embargo, conviene rescatar una dimensión que, socialmente, es fundamental en un tiempo de tanta confusión como el que vivimos. El hombre que nos visita es uno de los grandes apologetas de nuestro tiempo, un defensor de la fe que, arriesgando honra y fortuna, no ha dudado en correr grandes aventuras peleándose con los que haga falta, casi con todos, salvo con Dios. Aquí, en el Perú, en una tierra donde poco a poco se expande la ponzoña evanescente del relativismo, el maestro De Prada encontrará a muchos jóvenes que gracias a sus letras bien puestas están dispuestos a nadar contra la corriente, porque como él nos ha recordado en sus mejores escritos, solo aquél que nada contra la corriente “está vivo de verdad”.

Leeré “El castillo de diamante” como he leído todo lo que ha llegado a mis manos de Juan Manuel de Prada, pero nada me quita de la cabeza que el verdadero castillo de diamantes es el que los cristianos construyen día a día con los ladrillos dorados de su vida ordinaria. Con actos y palabras, con novelas y columnas. El hombre que nos visita, el maestro que ha cruzado el océano para conocer lo que España hizo en nombre de la verdadera religión, está construyendo para sí una morada “dura y preciosa como un diamante” allí en el único lugar donde de verdad importa: la Patria celestial.

Por: Martín Santiváñez Vivanco

Decano de la Facultad de Derecho y Relaciones Internacionales de la Universidad San Ignacio de Loyola

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