Published On: Jue, Jun 30th, 2016

El asturiano que hablaba en mixteca

eduardoYo, señor, entré en este país por en medio del desierto. Por en medio del desierto, ni más ni menos que como las lagartijas.

Bienvenido Zahui, un campesino mexicano de la etnia mixteca y ciudadano nuevo de los Estados Unidos, está hablando con el doctor Javier Junceda, un jurista asturiano que viene desde Oviedo y ha atravesado el océano y el continente para llegar hasta Oregón.

Allí, al lado del Océano Pacífico y en Salem, capital del estado de los bosques, Junceda es padrino de una promoción, profesor honorario y orador principal de la graduación del Chemeketa Community College.

Zahui, por su parte, un mexicano de Oaxaca, es padre de tres jóvenes que acaban de terminar el primer año en esa universidad.

Aunque un político de peluquín no lo crea, los Zahui no son ni ladrones y violadores. Don Bienvenido ha trabajado muchos años sembrando pinos en el bosque y acaba de lograr que sus hijos sean universitarios.

-Ni mi mujer ni yo hablábamos español, ni mucho menos inglés cuando llegamos. Somos indígenas de la etnia mixteca, y al comienzo, el trabajo no nos dejaba tiempo para nada. Pero así y todo, estudiamos, y ahora hablamos los tres idiomas.- añade Bienvenido.

Junceda, decano de Derecho en la Universidad Internacional de Cataluña, había sido invitado como “keynote speaker” para presidir la graduación y hablar sobre el derecho del ambiente que es su especialidad. Se le considera entre los más importantes ambientalistas europeos.

Sin embargo, una hora antes de la ceremonia, la conversación entre el español y el mixteca impresionó tanto al recién llegado que guardó en una carpeta su discurso y prefirió hablar, sin papeles, acerca de la inmigración.

-Siempre han existido y existirán migraciones-dijo y añadió que esos flujos han configurado el mundo y han servido para edificar aquí la primera nación del planeta.- comenzó y siguió diciendo que:

-Quien no vea en esto una riqueza carece del mínimo de sensatez. La gente que hace crecer una nación procede de lugares remotos, pero lo fundamental es que llega para arrimar el hombro y para devolver con trabajo, lealtad y amor todo lo que la tierra de acogida les ha proporcionado.

El profesor honorario recordó en su charla que, de acuerdo a las proyecciones del censo, en el año 2050, los norteamericanos de origen hispano serán la mayoría de este país.

-¿En ese momento, serán capaces los hispanos de construir un puente entre las culturas y establecer una armoniosa patria en la que todos puedan entenderse?… Creo que Bienvenido tiene la respuesta.

El programa de asistencia para los migrantes (CAMP) recluta a jóvenes recién llegados a este país y los introduce en el mundo universitario. Chemeketa, con 40 mil estudiantes, es una casa de estudios financiada con los impuestos urbanos de Salem. Los fondos federales ayudan a congregar y retener a los migrantes.

Media hora más tarde, cuando el profesor honorario iba a terminar su charla, recordó a su nuevo amigo mixteca:

-Ha atravesado el desierto de Sonora, una de las extensiones más grandes y calurosas del mundo. Tal vez el ancestro de su porfiada estirpe lo convirtió de veras en una lagartija o en un águila. Lo cierto es que vino a este país para darle su esfuerzo, su inteligencia y su vida.

-Como Bienvenido Zahui, yo quisiera hablar en mixteca, y tal vez lo estoy haciendo porque estoy hablando en la lengua de mi corazón. El corazón no tiene fronteras, y tampoco deben tenerlas las naciones.

Por su parte, el nativo mixteca rodeado por los periodistas que le querían tomar fotos al lado del profesor asturiano, hizo una gran revelación:

-Tengo 60 años- dijo- pero en el nuevo semestre también yo ingresaré a estudiar en Chemeketa.

-Zahui significa lluvia- agregó- y como la lluvia no reconozco fronteras ni entre los países ni en mis propias esperanzas de vida y de estudio.

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