Published On: Sáb, Mar 1st, 2014

El arruinado es el nuevo rico

TatianacolumnaEl director de cine francés François Ozon en su película Dans la maison (“En la casa”, 2012) hace escribir al inquietante Claude García (Ernst Umhauer) la siguiente frase: “El sábado fui a estudiar a casa de Raphäel Artole. Yo descubría la casa. Un olor llama mi atención: el singular aroma de la mujer de clase media”.

Al principio de la película sabemos que el joven Claude tiene 16 años, que va a una escuela privada, que es un buen estudiante y que tiene talento para la escritura, pero no sabemos hasta el final cómo vive en su propia casa. Claude desarrolla una obsesión con la familia de su amigo Raphäel potenciada por su profesor de literatura, familia a la que quiere pertenecer o como hijo del padre o como amante de la madre. Claude tiene envidia de sus vidas. Solo al final vemos que su intrusismo se debe en parte a sus circunstancias: Claude no tiene madre y vive en una modesta casa con su padre paralítico, al que tiene que ayudar todas las mañanas. Claude pertenece a la clase obrera y abraza y rechaza a la vez esa visión estigmatizadora de la clase media relacionada con lo mediocre, el guardar las buenas apariencias, el conformismo o la infelicidad a lo Revolutionary Road. La anhela y desprecia a cada instante en sus escritos.

A ambos lados de una calle sin asfaltar, en lo que antes era un complejo industrial abandonado, se apostan las tiendas del LX Factory, un centro comercial de lo más chic en Lisboa, cercano a la estación de tren de Alcántara, donde podemos encontrar una biblioteca-café de 4 plantas con alegorías a Fernando Pessoa o esas tiendas de artículosfashion, de esas que gustan tanto a los que escuchan música indie, donde hay saleros con formas originales, artículos con la bandera británica, marcos de fotos caros o cajas decoradas muy cucas que parecen ser demasiado pequeñas para una cosa o demasiado grandes para otras. En una de esas tiendas, en concreto la tienda “Bairro Alto”, vendían el cartel que encabeza esta nota. Con la adorada clase media de Claude García –curioso que su apellido sea español en el film– desintegrándose en Europa y con la dificultad del escalafón inferior de acceder a ella, los publicistas ayudan a hacerse a la idea con un “Broke is the new rich”  escrito en una placa de metal. ¿Pero están los jóvenes realmente resignados al estancamiento social?

Parece que empiezan a interiorizar su probable destino con deportividad y sin derrotismo. Ahora escuchan canciones como “Royals”, de la cantante neozelandesa Lorde. La cantante se ha ganado las portadas de muchas revistas con “Royals”, desde la de Rolling Stone hasta la de V Magazine. Su nombre se asocia al de rebeldía, pues en las letras de su ópera prima habla de los jóvenes corrientes, los que no viven en zonas exclusivas, los que van de barato, los que no podrán conducir coches de lujo en la vida y a los que además, según la canción, no les importa. No quieren ser como Claude y entrar a espiar en la vida de la clase superior, económicamente hablando, ni la envidian tampoco, al menos según la radio y Youtube. El impacto de “Royals” ha propiciado el florecimiento de varios covers y algunos grupos se han popularizado con ellos, como el del dúo dominicano The Betsys con su versión titulada “Riquitos”.

libro

“El arruinado es el nuevo rico”. Cartel de la tienda Bairro Alto en el LX Factory de Lisboa. Noviembre 2014. TRB

En un país donde las diferencias sociales son todavía más hirientes que en Europa y el clasismo es infinitamente más crudo, The Betsys capta la realidad de República Dominicana en un simple estribillo:

“Nunca seremos riquitos,

esa vaina no está de nada.

Ustedes allá con su champaña

Nosotros aquí, Bohemia y Brahma.

Tú no has comido rulos,

tú no sabes lo que es vivir.

Te voy a dar la luz:

así es que lo hacemos aquí”

Aquí se habla de “rulos”, un tipo de banana que se come generalmente hervida en República Dominicana, consumida por la masa popular del país normalmente. Ese ha sido el verso que ha provocado más risas entre los internautas, sin duda. The Betsys no son ricos, ni quieren serlo, prefieren seguir bebiendo cerveza al champán.

Será porque la generación Ý o generación Millennials de la que hablan los periódicos, la nacida entre los albores del SIDA y el 11S, según define en boca de la egocéntrica Madison Montgomery los guionistas de la serie American Horror Story: Coven, se siente cómoda en su piel. Dicen que lo han tenido todo hecho y se les reprocha no haber vivido en carnes una guerra, al menos en Occidente. Están convencidos de que harán algo especial con sus vidas, como lo estaban todos respecto a Frank y April Wheeler enRevolutionary Road. Lo que no tienen muy claro es cómo lo van a conseguir visto el panorama que les presenta la crisis, pero les mueve la pasión y quizás también una soberbia naïf.

Mientras tanto, buscan formas de vida que les permitan gastar lo mínimo y disfrutar lo máximo: aprenden idiomas mientras son camareros, se van de au pair, hacen couchsurfing, viajan en BlaBlaCar, hacen voluntariado, piden becas de prácticas en el extranjero, van a exposiciones gratuitas, descargan películas, ligan en Badoo o Meetic, se llaman por Skype, se escriben por Whatsapp o hacen botellón. Intentan no perderse una. Internet, los blogs, las redes sociales los alientan. Ellos pueden ser protagonistas. Alguien los puede retwittear y pueden hacer películas de su vida en Facebook, sin ánimo de desdeñar.

En un artículo publicado en el periódico “El País” en 2010, titulado “Ascensor social: fuera de servicio”, se decía que en España la movilidad social llevaba estancada desde los años 60 y que la posición de los padres repercute en el futuro de los hijos y su escalamiento. El artículo venía ilustrado con una foto del Cuatro Torres Business Area de Madrid tomada desde la Ventilla, barrio obrero español donde los haya, con un muchacho empujando un carrito de compras que mira hacia ellas. Esta situación es extrapolable a una gran cantidad de países en los cinco continentes. La juventud ha captado el mensaje y está metabolizándolo: no reniegan de su posición actual y disfrutan de ella dentro de sus limitaciones, pero no renuncian a una vida digna y con ocio en la que tener un mínimo de decisión y crecimiento. No se trata de compararse con el escalón superior, se trata de vivir ahora con lo que se tiene. Eso es lo que simbolizan “Royals” y “Riquitos”, porque la generación Millennials no está perdida, está buscando su camino dentro del encorsetado y clasista entramado social. VER MÁS EN VIVIR MEJOR QUE EN FACEBOOK

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