Published On: Mié, Oct 28th, 2015

Chavismo universitario

martinLo que está haciendo el ministro de Educación, el Señor Jaime Saavedra, es chavismo universitario. El principio técnico sobre el que debe construirse la gran reforma de nuestras universidades es simple: el realismo posibilista. El realismo nos obliga a examinar detenidamente la problemática de la academia. El posibilismo nos impulsa a seguir un derrotero paulatino, una senda gradual que transforme sin lastimar y mejore sin destruir.

Sin embargo, nada de esto está haciendo el ministro Saavedra, un cultor del voluntarismo estatal. Resulta sorprendente que el ministro, tan lento a la hora de analizar y actuar en el plano de la educación escolar (donde ha impuesto una política gradualista y excesivamente conservadora), se lance en pos del voluntarismo utópico al borrar de un plumazo el sistema de acreditación en el que vienen trabajando varias universidades e instituciones desde hace años. Para ciertos temas el ministro Saavedra es más lento que una excusa de Nadine. Para otros, más rápido que una genuflexión de Cateriano.

Lo que está detrás del falso carácter tecnocrático de la reforma del ministro es un vano intento de proteger a ciertos jugadores académicos en desmedro de otros. Para cualquier académico es claro que la educación privada de calidad es fundamental para sentar las bases del desarrollo de este país. Para cualquier académico imparcial también es evidente que la educación privada filistea que sólo aspira al lucro y no genera calidad a mediano y largo plazo debe desaparecer o ser sancionada. Pero hay un abismo entre ambos modelos y este abismo debe generar consecuencias distintas. Lo que hace el ministro Saavedra es meter a todas las universidades en el mismo saco y consagrar sospechosamente el modelo de la ex PUCP, una universidad que tiene casi cien años de crecimiento y muchos intereses en juego. La reforma universitaria peruana tiene que llevarse a cabo de manera realista sin renunciar al posibilismo. Todo aquello que nace del voluntarismo está condenado al fracaso, más aún en un país como el Perú.

Francamente, me sorprende el aura tecnocrática que rodea al ministro Saavedra. Su planteamiento no es tecnocrático y más bien exuda un sesgo político. Un principio fundamental para la implementación de toda política pública radica, precisamente, en la necesidad de reformar teniendo en cuenta el escenario de la reforma.

Y el ministro Saavedra en lugar de convocar a los stakeholders y apostar por la transformación paulatina de la educación universitaria defiende un adanismo institucional que liquida el esfuerzo de nueve años de trabajos y sacrificios.

Así no se implementan políticas públicas. Así, por el contrario, se entroniza en un Estado lastrado por la ineficiencia un chavismo universitario que genera a los Humala un nuevo y grave problema con el que lidiar. Supongo que Nadine pronto comprenderá que el voluntarismo sospechoso de su ministro abre un nuevo frente en su casi perforada línea Maginot.

Por eso, habría que recordarle al Señor Saavedra las recomendaciones del Banco Mundial (su antiguo lugar de trabajo) que apuestan por las reformas consensuadas, nunca por dirigismos incendiarios que encienden praderas imposibles de controlar.

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