Published On: Lun, Dic 12th, 2016

Castro y cenizas

eloyjauregui(Desde La Habana).- Con la muerte del líder cubano Fidel Castro termina una era de los grandes personajes de la política internacional del Siglo XX. Variedades estuvo en Cuba y esta es la crónica sobre el futuro de la isla.

1.
El Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana, Cuba, debe ser el más malo del planeta. A uno lo revisan una y diez veces, tiene que declarar hasta la razón de sus prendas íntimas y luego de los interrogatorios, hay que esperar dos horas para que le entreguen las maletas. Finalmente el caos de la movilidad pero una vez que uno sale del terminal, La Habana es la ciudad más grata y hermosa de la tierra. Los habaneros hablan rápido, casi cantando y están atentos a que a uno no le falte nada. Entonces uno se puede alojar en los cientos de hoteles o en casas donde arriendan habitaciones con baño propio. Cierto, en La Habana sobra la fraternidad pero no siempre puedes encontrar papel higiénico.

La noche del viernes 25 de noviembre, en el reparto de Centro Habana, estaba a la espera de la presentación del Septeto Habanero cuando de pronto el ánimo del presentador se fue de bruces. Apenas alcanzó decir en el micrófono: “Señoras y señores, me acaban de informar que ha muerto nuestro Comandante Fidel Castro”. Y no dijo más. Todos pagaron sus tragos y se marcharon a sus casas. Antes, la televisión nacional cubana cortó la transmisión. Luego de un breve silencio apareció en las pantallas la figura del presidente Raúl Castro. Raro, a esas horas, el gabinete del hermano del líder histórico, con la figura de José Martí detrás de su poltrona carecía del brillo habitual de sus anuncios. Esta vez le faltaba la luz y su voz entrecortada anunció que el Fidel Castro había fallecido a las 10 y 29 de la noche. Entonces nunca fue más noche que esa noche. Y todo se calló.

Así se iniciaba nueve largos días de Duelo Nacional que culminó el domingo 4 de diciembre con el entierro de las cenizas de Fidel Castro en el cementerio de Santiago de Cuba, la provincia donde se iniciara el proceso revolucionario en 1953. Ese mismo día apareció publicado un aviso en la página 11 del diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, que decía así: “Al Excelentísimo señor Raúl Castro Ruz, Presidente de la República de Cuba: Tengo la honra de dirigirme a usted con el fin de hacerle llegar el más sentido pesar del pueblo peruano y el mío propio, por el deceso del líder histórico de la Revolución Cubana acontecido la noche del 25 de noviembre”. La firma era de Pedro Pablo Kuczynski, Presidente de la República de Perú.

2.

Cuando uno les pregunta a los cubanos ¿y ahora qué va a pasar con la Revolución? La mayoría asegura que nada, que todo seguirá igual. Los más viejos hablan que existe un engranaje programático que tiene como energía la dinámica al interior del Partido Comunista de Cuba. Y otros, los más escépticos, admiten que con la estructura de poder que administra la isla desde hace medio siglo es imposible que ocurran cambios radicales en estos tiempos. Sin embargo, entrevistando a uno que otro habanero –sobre todo a aquellos que pululan alrededor de La Habana vieja y está a la caza de los turistas boquiabiertos— me tratan de decir que la isla es una cárcel con barrotes invisibles. Que no tienen futuro y que se quieren largar lo antes posible a donde sea.

El Consejo de Estado de la República de Cuba es una entidad hermética que tiene su propia gramática. A la aparición del presidente Raúl Castro anunciando la muerte del líder histórico, su silencio es una constante que apenas se quiebra cuando la Comisión oficial organizadora de los actos fúnebres, de manera escueta, informando por ejemplo de directivas muy concretas, la suspensión de una serie de actos públicos que ya estaban organizados en toda Cuba como el desfile en la Plaza de la Revolución para celebrar los 60 años de la travesía del mítico Granma, la nave que desembarcó en la isla a los 82 revolucionarios que iniciaron las guerrillas para derrocar tres años después al régimen de Fulgencio Batista.

Aquí no declaran ministros o congresistas. Lo público es una norma de dignidad. En la televisión se leen los mensajes de condolencia del Papa Francisco o de Barack Obama. Cierto, los envíos de mandatarios como el venezolano Nicolás Maduro o de Evo Morales de Bolivia o el ecuatoriano Rafael Correa se transmiten como amplios videosmensajes casi como reportajes con sentidas declaraciones, historias y fotos. Otro detalle es la vida privada de Fidel Castro. De las honras fúnebres solo el Granma publicó una fotografía desde lejos donde aparece la esposa Dalia Soto del Valle y tres de sus cinco hijos quienes en lo posible tratan de pasar inadvertidos. Por lo general, los cubanos evitan el tema. Y uno siente que solo entienden este apotegma: “Fidel es Fidel”.

3.

Las últimas horas de Fidel Castro en su casa de La Habana, según los lugareños, ubicada en la Autopista Este-Oeste que parte a la provincia de Pinar del Río, tiene múltiples versiones. Circula la información que un paro cardiaco lo sorprendió mientras dormía. No obstante, varios periodistas locales me contaban que ya desde la mañana a su muerte, Castro se había agravado a tal punto que fueron convocados una decena de médicos a la unidad hospitalaria que se había instalado en su propia residencia. Sin embargo, ni el Sistema Informativo de la Televisión Cubana, ni las pocas emisoras que se escuchan en La Habana, ni los tres diarios que se editan en Cuba señalan ni el mínimo detalle del suceso. Cuando le pregunté a un veterano taxista que cómo había muerto Fidel Castro, él que era muy locuaz, apenas alcanzó a responderme: “de esos asuntos no hablamos los fidelistas”.

Cuando uno conversa con uno y otro cubano, grandes y chicos y sobre todo, con mujeres maduras, nadie se refiere al líder fallecido como “Fidel”. Todos dicen o “el comandante” o “mi comandante”. En la mañana del lunes del velorio de Castro, mientras aguardaba en la fila –aquí no se dice cola— para que se abra el imponente Memorial mausoleo de José Martí de la inmensa Plaza de la Revolución donde descansaban las cenizas de Castro, dos veteranos que me antecedían se pusieron de acuerdo para convencerme que en Cuba, la mayoría no era comunista sino “Fidelista”. La gramática política de los cubanos es como ellos, variada, de contra puntos, de acuerdo al calor. Hasta ayer no había escuchado en las calles términos como marxista-leninista, ni materialismo dialéctico, ni lucha de clases. Aquí hay dos términos que nadie duda en expresar: Pueblo y Revolución. Y a lo largo de la ardiente mañana donde tres enormes filas de cubanos empujaban para subir al recinto donde descansaba su comandante para despedirse, todos con los ojos mojados y las frases en sordina solo hablaban de la muerte de su padre.

Eusebio Leal, el arquitecto que ha reconstruido La Habana histórica y amigo personal de Castro me contó que él creía que un 90 por ciento en el mundo respetaba al líder cubano, el resto, aquellos que lo odian y maldicen, odian y maldicen a la humanidad, a su igualdad y a sus derechos. Y Miguel Barnet, el presidente de la Unión de Escritores y Artistas me confesaba el Comandante era más que un estadista un iluminado: “Yo lo vi hace unos días cuando recibió al presidente de Viet Nam. Y a pesar de su edad era ese hombre teórico con una visión crítica desde que fue un abogado joven y hasta que se convirtiera en ese hombre de acción. Que luego ejerció una actitud amplia y democrática y que fue el diseñador de nuestra política cultural, de nuestros principios científicos y todo el desarrollo científico técnico. Yo no creo que haya muerto, está vivo en sus ideas. Si en la tierra fue nuestro guía, ahora que está en el cielo, seguirá siendo el líder”.

4

Sea como fuere, en La Habana este lunes 5 de diciembre la vida –a la cubana como ellos dicen— sigue con su misma dinámica. Es pues una sociedad distinta que no se parece a la nuestra salvo por la ahora frondosa oferta culinaria solo para turistas. Luego, en los mercados siguen vendiendo malanga y boniato, el plato nacional sigue siendo el congrí y si a uno se le antoja un pescado frito solo existen tres especies, el basa, el fogonero y el maymay. Finalmente, los cubanos son los reyes del reciclaje. Sus carros americanos viejos tienen motores coreanos y caja de cambios polacos. Igual, en esta economía de guerra, los cubanos seguirán reciclando sus igualdades y dignidad, idolatrando a Fidel y viviendo para su revolución que es y será esa sociedad, tan, pero tan distinta, a la nuestra.

Finalmente las cenizas de Fidel Castro descansan desde el último domingo en el cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba, la segunda ciudad de la isla. En medio de una piedra de granito de cuatro metros de alto traída desde las montañas de la Sierra Maestra en una cavidad al medio y en un cofre de cedro descansa para la eternidad sus restos. Solo una pequeña placa cubre su tumba. En ella solo se lee: “Fidel”. El mausoleo de José Martí, a unos metros, lo acompaña para siempre.

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