Published On: Mar, Abr 5th, 2016

Aplausos para el terrorista

martinLa indulgencia con el terrorismo es un crimen de lesa democracia. Para cualquier persona con sentido común es evidente que los “muchachones” del Frente Amplio, revolucionarios de cafetín y nueva trova, son primos hermanos ideológicos de los terroristas de Sendero Luminoso. En este parentesco marxista-leninista-maoísta-mariateguiano la delgada línea roja que los separa ha sido transitada varias veces, en una y otra dirección, cuando se trata de aplaudir la guerra popular (un eufemismo para hablar del terrorismo). La izquierda de Verónika Mendoza quiere tomar el poder mediante elecciones, por supuesto; pero la psicología radical y maniquea, que solo comprende la lógica del amigo-enemigo y lo polariza todo, forma parte de una tradición autoritaria que nuestra izquierda es incapaz de eliminar.

Para la progresía aplaudir a los terroristas no es un exabrupto aislado, es un estándar de comportamiento. La deformación del lenguaje propia de la izquierda no sólo es una estrategia política, también manifiesta una distorsión cognitiva que se plasma en el gesto y la palabra. Deforman el lenguaje porque tienen una visión deformada de la realidad, de la verdad, de la belleza y de la justicia. Siendo así, al entramparse en una visión distorsionada y disolvente, los izquierdistas, empleando el prisma de la ideología, son incapaces de contemplar objetivamente la realidad nacional. Por eso naufragan cuando intentan transformar, en base a sus sofismas, algo que en el fondo es incomprensible para ellos. Viven divorciados del verdadero Perú.

El terrorismo es un movimiento nocivo y genocida, sanguinario y perverso. Sus postulados ideológicos son macabros y su praxis aberrante. Nada justifica el terrorismo, ni la pobreza, ni la injusticia, ni la desigualdad.

El terrorista sacrifica el bien superior de la vida por móviles contingentes. Comprender el terrorismo para liquidarlo es muy distinto a estudiarlo buscando su legitimación. Un aplauso es un espasmo para legitimar, un acto contemporizador.

El que aplaude al terrorista carece de conciencia histórica o es un zombi ideologizado o, peor, está lastrado por la imprudencia y la estupidez. La estupidez en política es peligrosísima porque el estúpido, un ser que normalmente navega en un lago personal, cuando es nombrado capitán del trasatlántico peruano puede convertir la experiencia social en el viaje del Titanic. El estúpido hunde a todo el mundo en un orgasmo de idiotez. Los estúpidos no deben entrar en política, tampoco los imprudentes y mucho menos los terroristas.

Los ex humalistas que ahora trabajan por la candidatura de Verónika Mendoza —la becaria de Nadine— son imprudentes, desleales, seres enfermos de ideología y que, cuando aplauden a los terroristas, lindan con la estupidez. Actuar de público indulgente con el terrorismo es un crimen de lesa democracia. Personajes así, apañadores del terrorismo, viejos dinosaurios y jóvenes “pulpines” condescendientes con la violencia, no merecen ni un solo voto y sí el más grande, el unánime rechazo de todos los peruanos con dignidad y memoria que desprecian al terror.

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