Published On: lun, Feb 22nd, 2016

Alejandro González, el hombre que llleva a los “Rolling Stones” a Lima

alejandrogonzalez(La República).-Responsable de importar la moda del Axe a inicios del 2000 y de iniciar los festivales de reggaetón, Alejandro González, CEO de Kandavu Producciones, es el hombre que este 6 de marzo cumplirá el sueño de 60 mil fanáticos: traer a Sus Satánicas Majestades al país.

Escribe: Óscar Miranda

–Yo no era fanático de los Stones. No lo soy.

Alejandro González (36) habla sin poses. No trata de vendernos la historia del fanático que, finalmente, está cumpliendo su sueño. No lo necesita. El concierto de los Rolling Stones en el Perú, este 6 de marzo, es un acontecimiento de tal dimensión que cualquier historia que pretenda adornarlo más resulta innecesaria… hasta insultante. No es un fanático, pero eso no quiere decir que en los últimos tiempos no se haya convertido en uno de los peruanos que más los conoce. De hecho, desde hace buen tiempo que respira “stonicidad” todos los días. Bebe café de una taza que lleva impreso el logo de la lengua. Su ringtone es el riff inicial de “Start Me Up”. Y la mampara de la sala de reuniones de Kandavu Producciones tiene impreso el banner completo de la gira sudamericana.

–¿Qué significan los Stones para mí? Personalmente, significan llegar a la cima. No hay artista más grande que ellos. Es un check en mi vida.

Sentado en su amplia oficina, en los altos de una casona en San Isidro, González recuerda los momentos en los que comenzó a escalar esta cima. Desde que se le ocurrió organizar las fiestas de fin de curso de su universidad, en el 2000, hasta el momento en que firmó el contrato con los representantes de Sus Satánicas Majestades, hace apenas cinco meses. Mucha agua ha corrido bajo el puente, muchos conciertos, muchos sold out y también muchos fracasos. Todo sumó. Todo lo condujo hasta acá, hasta este ahora.

rollingstones

Sus “Satánicas Majestades” se presentarán en Lima el próximo 6 de marzo

Años de Axe

El cachimbo Alejandro González se sintió defraudado. La fiesta con la que su universidad, la de Lima, daba la bienvenida a los ingresantes le pareció aburrida. González se animó a presentar una queja a la oficina de la entonces rectora e, increíblemente, esta le contestó preguntándole si acaso él podía hacer algo mejor. González no tenía ninguna experiencia en organizar fiestas pero le dijo que sí. Se puso manos a la obra. Y armó un tonazo. Todo resultó tan bien que a partir de entonces quedó encargado de organizar todas las fiestas de la universidad, las de parciales y las de fin de semestre. Al poco tiempo también estaba organizando fiestas en la UPC y en la Universidad del Pacífico. Y estaba haciendo plata.

En julio de 2002 armó su primer concierto internacional. Trajo a Gondwana (Chile) y a Los Cafres (Argentina). Para su mala suerte, un día antes del show ocurrió la tragedia de Utopía. El público, comprensiblemente, no fue. Perdió como 50 mil dólares. Aprendió que este negocio es una apuesta, siempre. Y continuó.

En los años siguientes, González demostró tener buen ojo para traer artistas que nunca habían pisado tierra peruana. Trajo, por ejemplo, a los brasileños de Axe Bahía, desatando una fiebre que atravesó todos los estratos sociales y se expandió por todo el país (y que alargó después trayendo a sus sucedáneos, Exporto Brasil).

También inauguró los festivales de reggaetón, un género que él detestaba profundamente hasta que se dio cuenta de que, al igual que el Axe, sonaba en todas las radios y lo escuchaban ricos y pobres, pese a lo cual ningún productor local se había animado a traer un exponente internacional. Él lo hizo: trajo a Trébol Clan (los de “Gata fiera”) y a Zion & Lennox. Más de 35 mil personas abarrotaron el estadio de San Marcos. González no lo podía creer. Después de eso, se metió de lleno al género: trajo a Daddy Yankee, a Don Omar, a Wisin & Yandel, a Alexis y Fido… a todos. Fue el primero en traer a Calle 13 y, de hecho, desarrolló una relación especial con Residente y Visitante, que en el plano comercial se cortó el día en que horas antes de dar un concierto en Lima, el grupo decidió escaparse a Caracas para cantarle a Hugo Chávez y no volvió sino hasta que faltaba media hora para su presentación. González, al borde de la crisis, tuvo que contratar policías para que abrieran paso al automóvil de los artistas desde el aeropuerto hasta el recinto del show. Decidió no volver a trabajar más con ellos. Por eso, cuando meses después los portorriqueños volvieron a llegar tarde a otro recital en Lima –esta vez, cinco horas tarde–, él no se sorprendió.

En estos 15 años en la industria, González ha hecho de todo. Ha sido mánager de artistas tan distintos como Héctor ‘El Father’ y Adammo. Ha cumplido sueños personales como traer a Collective Soul, la banda con la que creció, y ver cómo un recinto en el que esperaba a no más de 3 mil personas fue ocupado por casi 10 mil. O armar una gira con Roberto Gómez Bolaños, a quien conoció en Ciudad de México después de ver su obra “11 y 12” y a quien, después de un año, logró convencer para que viniera a Lima para cuatro fechas, que se convirtieron en 44 en todo el país y en casi 200 en Colombia, Chile y Panamá, hasta que el buen ‘Chespirito’ decidió que ya era hora de parar, y pararon. Se ha llevado sorpresas de las buenas –prepararse para vender 10 mil boletos para Andrea Bocelli y vender, de pronto, 35 mil– y de las malas –esperar 5 mil personas en el concierto de Paulina Rubio y ni siquiera llegar a las 800.

Pero nada, nada, nada, ha sido de la magnitud de los Stones.

El show más caro

Esta historia comenzó hace tres años, cuando Daniel Grinbank, el famoso productor argentino, responsable de las giras latinoamericanas de los Stones en 1995, 1998 y 2006, comenzó a sondear a Mick Jagger y a los suyos si estaban dispuestos a volver a la región. Ellos le dijeron que sí pero que había que cuadrar las fechas. En ese momento entró a tallar la competidora de Grinbak, la productora Fénix, que, de hecho, le arrebató el negocio, ofreciéndoles, según la prensa argentina, entre tres y cinco conciertos en el estadio de River Plate. Sin embargo, debido a las restricciones que había impuesto el gobierno de Cristina Kirchner para girar dinero al exterior, Fénix no pudo cancelar el dinero a tiempo. Con los Stones, hay que pagar antes, siempre.

En un segundo momento, Grinbank y sus socios en Latinoamérica (Kandavu lo era en Perú) llegaron a un acuerdo con los ingleses: vendrían en octubre de 2015. Pero entonces, según cuenta González, uno de los cuatro –no se sabe cuál– no superó las pruebas médicas a las que los somete su empresa de seguros antes de una gira. Para empeorar las cosas, la novia de Jagger se mató. Hubo que postergarlo todo de nuevo.La  nueva fecha acordada para aterrizar en la región fue febrero y marzo de 2016. Y aquí estamos.

Para que todo avanzara, González tuvo que abonar el pago por el show con antelación. Debido a las postergaciones, ha pasado ya año y medio de aquello. Dice que debido a la puja que se generó entre las productoras locales por hacerse con el show, el precio inicial creció un 35%. De hecho, es el más alto de todo el tour latinoamericano. Sacando cálculos, los Stones se quedan con el 92.5% de todos los ingresos. El productor tiene clarísimo que no será el concierto con el que ganará más plata en su vida. Pero no lo hace por la plata. Lo hace para trascender.

Faltan dos semanas para el gran día. González y su equipo de 50 personas están dedicados a cumplir cada una de las indicaciones establecidas en el contrato de 160 páginas y en el rider de 180 páginas con las especificaciones técnicas. A diferencia de lo que ocurre con cualquier otro artista, los Stones lo deciden todo. Todo. Desde el hotel donde se hospedan hasta el menor detalle técnico del sistema de sonido. Desde el escenario del show hasta la temperatura a la que deben estar los vehículos que los transportarán. Es como si una cumbre de cuatro de los presidentes más importantes del mundo se realizara en el Perú. A cambio, dice González, ellos prometen un show que los fanáticos recordarán por el resto de sus vidas.

Que así sea.

Tomado del Diario La República de Lima

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